lunes, 29 de junio de 2009

El Rodezno de Ubrique: muchos años de historia familiar

Foto:Natalia Fernández y María Teresa Rivera
El Rodezno, verano de 1959

Entre estas dos fotografías hay muchos años de historia de la familia, historia que se repite. Natalia dando un paseo con la fresquita en verano de 1959 y Leandro dando un paseo con su padre. La historia se repite pero ¡Qué pena de Rodezno!


Leandro Cabello y Leandro Cabello
El Rodezno, verano de 2009

Un lugar idílico, ideal para cualquier cosa, aunque sea pasear, en el que podrían hacerse mil y una actividades de ocio, turísticas, museísticas... y está abandonado.
Detrás de Natalia pueden verse aún los edificios, históricos ya y de gran valor cultural, que se conservaban intactos. Detrás de Leandro, sólo ruinas, y el agua que, incansable, sigue su curso como siempre.

domingo, 28 de junio de 2009

La "piedra rosa" de Ubrique



Foto: Leandro Cabello
La pila de La Plaza


No es un secreto que nuestra sierra está formada, fundamentalmente por roca caliza. Pero muchos hemos olvidado que en Ubrique hay un tesoro muy especial: la caliza rosa. Piedra de gran belleza y dureza, muy apreciada por los canteros y que fue muy utilizada en la decoración y en la construcción a principios del siglo XX. Bien pulimentada asemejaba al mármol.


Foto: Leandro Cabello. Casa en la Calle Botica
Motivo ornamental arquitectónico, la caliza rosa era muy apreciada.

Recuerdo haber ido con mi padre en los años setenta buscando la cantera de piedra rosa que había en el Caldereto, recorrimos una y otra vez los recovecos de la sierra y no puedimos encontrarla. Nos dijeron que, seguramente, se había construido encima, o que ya estaba agotada. Sólo pudimos ver algunos bloques cerca del Calvario.


Foto: Leandro Cabello
Los escalones y el altar de la Parroquia, de piedra rosa de Ubrique


Así que, entonces, hicimos un esbozo de inventario de casas y lugares publicos con piedra rosa de Ubrique, entre los objetos más curiosos estaban los bancos de Los Callejones, el altar de la Parroquia, las pilas de agua, el puente de Los Callejones y un sinfín de escalones y umbrales de casas de Ubrique, entre ellas la de nuestros abuelos Leandro y Natalia y la del Beato Diego.


Foto: Leandro Cabello
El puente de los Callejones




Foto: Luis Eduardo Rubio
Uno de los bancos de Los Callejones



Foto: Luis Eduardo Rubio
Asiento de un banco de Los Callejones

Pero lo más curioso ha sido la historia que Romero me ha contado en La Plaza: dice que había un cantero a principios de siglo (no recuerda su nombre), que era forastero, y que trabajaba la piedra de una forma espectacular. Fue él quien hizo la mayoría de los objetos en piedra que aún hoy podemos observar (incluidos pilones, dornillos y pilas de lavar) y tenía siempre encargos.
Cuando empezó la guerra civil fue llamado a filas, y de él nunca más se supo. Dejó a medias varios escalones, pegados aún en la montaña, y la gente respetó este trabajo unos años, esperando su regreso. Más tarde, cuando pensaron que ya no iba a volver, retiraron los escalones y los terminaron, y otro cantero empezó a trabajar la piedra. Pero por lo visto no habría más materia prima, o los tiempos modernos impusieron otros materiales, y también este oficio desapareció en Ubrique.

Foto: Leandro Cabello Izquierdo
La Pila de La Plaza de la Estrella



Foto: Leandro Cabello
La Fuente del Convento


La verdad es que, caliza o arenisca, nuestra sierra nos ha dado siempre material para la construcción y ornamentación. En estas dos fuentes tenemos el mejor ejemplo.

Ubrique, junio de 2009
Leandro Cabello Izquierdo

viernes, 26 de junio de 2009

Curiosidades tecnológicas: la radio

Foto: Leandro Cabello
Radio philips octode super 510A de 1935
superheterodino

El gran medio de comunicación de los años treinta era la radio. Este modelo de válvulas tan fantástico perteneció a nuestros abuelos, Julia y Paco. Más tarde fue nuestro padre quien lo conservó, y, actualmente, es nuestro hermano Leandro quien lo guarda como un tesoro. No sólo porque es un ingenio de la electrónica, y fue uno de sus modelos durante sus estudios para construir un receptor a vávulas, sino porque este aparato ha estado presente en la historia de la familia.
Cuando nuestros abuelos lo adquirieron no tenían ni idea de lo útil que les resultaría. En nuestra familia, por ser tan grande, ha habido todo tipo de tendencias políticas: hemos tenido abuelas carlistas, monárquicas, progresistas, y hasta republicanas. Después vino la dictadura y todo el mundo a decir lo obligatorio, aunque algunos se rebelaron y terminaron en la cárcel.
Esta radio era la unión con el mundo exterior. Durante la guerra se reunían mis abuelos con los mayores para oír los partes (en Ubrique los mayores siguen diciendo "el parte" a los informativos). Más tarde, nuestra abuela, monárquica pese a quien pese, oía noticias de don Juan (llegó a ir a Lisboa a visitarlo). Pero todo ello tenía que ser a escondidas, porque en aquellos tiempos había que andar con cien ojos.
Ahora hemos sabido que Manuel y Esperanza se llevaron consigo esta radio cuando se casaron (1956), y que por las tardes oían, a escondidas también, "Radio España Independiente", allende los Pirineos. Nuestra madre recuerda las emisiones, que se oían muy mal, pero que eran muy interesantes, porque eran diferentes.
Por eso en muchas casas se fingía no tener radio, y en Ubrique se inventaron maravillas de la artesanía como la casita que fotografiamos a continuación:


Foto: Leandro Cabello Izquierdo
Casita-Estuche construida con retales de piel
Depósito de la familia en el Museo de la Piel de Ubrique


Esta casita, construida por uno de los petaqueros de la fábrica de nuestro abuelo Paco, hermano de Andrés Pajuelo, está hecha con retalitos de piel y con una maestría inigualable. Servía para ocultar la radio, y se podía acceder a los mandos a través de los espejos (actualmente pegados).
Al comenzar su andadura el Museo de la Piel de Ubrique, y sabiendo que Maribel y Paco son también dos artistas capaces de apreciar este objeto en lo que vale, decidimos depositarlo en este museo, junto con otras piezas de nuestros abuelos, en memoria de nuestro padre.


Foto: Leandro Cabello
El Convento de Ubrique, una nueva perspectiva

jueves, 25 de junio de 2009

El maestro Manuel Cabello Janeiro: La escuela de Artes y Oficios

Alumnos y profesores de la escuela de Artes y Oficios
Paseo campestre, 1966

Manuel Cabello había sido empresario y había montado su propia fábrica de artículos de piel, pero los negocios no eran lo suyo. El dinero no era para él importante y prefería un estilo de vida sencillo que no entaba, pero que era agradable. Una vez que había entregado un gran pedido a una bodega jerezana, alquiló un autobús de los amarillos y se llevó a todos los trabajadores a comer a Jerez, se gastó las ganancias en invitar a todos.
Tampoco ponía mucho empeño en asegurarse los cobros, así que, a los pocos ños de haberse establecido por su cuenta, se encontró sin un duro y con una situación difícil.
Como era emprendedor y atrevido, decidió hacer la carrera de magisterio, al tener un curso de medicina hecho, le convalidaron algunas asignaturas, y trabajó como uns fiera hasta que, en pocos meses, terminó carrera, oposiciones y campamento.
Su primer empleo fue en la Escuela de Artes y Oficios. Su incorporación fue definitiva para el centro, que hasta entonces había sido un lugar tranquilo sin muchas actividades.
Manuel Cabello no podía estarse quieto, rápidamente inventó excursiones, exposiciones, castillos con cohetes, carreras de sacos, juegos populares, belenes vivientes... ¿Recuerdan ustedes aquella exposición de Artículos de Piel, instrumentos de tenerías, objetos antiguos y curiosos (como la gigantesca Cruz de mármol del Calvario, custodiada por una familia ubriqueña desde la guerra civil), piezas de sombrererías, de zapaterías? Aquella exposición fue seguramente, treinta años antes, el germende la exposición "Manos y Magia en la Piel", aunténtico Museo de la Piel de Ubrique, que con tanto acierto, tanto arte y tanta dedicación Maribel Lobato y Paco Solano llevan adelante.
De esta etapa siempre conservó una gran amistad con Manuel Carrasco, su amigo y compañero, con unas manos de oro para la carpintería y que siempre estuvo a su lado, los dos juntos inventaron e hicieron todos tipo de actividades, siempre muy sonodas en todo el pueblo.
También trabajó codo con codo con Francisco Collado, su compañero muchos años, con "don Heliodoro" (Manuel Heliodoro García Serrano), con Manuel Janeiro, y con tantos y tantos otros que siempre fueron sus compañeros.
Y de los alumnos, aquí tenemos un buen montón. Era una escuela de niños (aunque en la foto podemos ver a una chiquitaja a la izquierda, Natalia, que el día del paseo se había incorporado al grupo) y reconocemos a muchos de ellos. Son los que hoy llevan el peso de Ubrique, trabajadores, padres de familia, que aún hoy recuerdan aquellos buenos tiempos con "don Manuel", lo que aprendieron y lo que investigaron; lo que pasearon y lo que disfrutaron.
Si hay alguien que pueda decirnos los nombres de todos, adelante. Estaremos encantados de escribirlos.

Ubrique, 25 de junio de 2009

miércoles, 24 de junio de 2009

José Piñero de la Rosa: Nuestro "Tío Pepito"

Foto: Leandro Cabello
Vista de la Cruz del Tajo, la cueva del Tío Pepito y Ubrique



Pues, sí, el tío Pepito era nuestro tío. José Piñero de la Rosa era hermano de nuestra bisabuela Pepa.
Nunca se casó ni tuvo hijos, pero fue un hombre bueno, trabajador y culto al que le gustaba la música, la buena vida y la tranquilidad. Era Maestro Zapatero, de los buenos, cuando tener la categoría de "maestro" era realmente importante. Como se había quedado soltero, las "Piñeritas", que lo querían como a un hijo, se ocuparon de él, y le ayudaron con la zapatería.
En nuestro pueblo es famosa "la Cueva del Tío Pepito", pero casi nadie conoce en realidad la historia de este nombre. Nuestra madre nos ha contado lo que pasó:
Era muy usual hacer excursiones por la sierra, y los grupos de amigos recorrían todos los picos, todas las zonas y todas las cuevas.



Foto: Leandro Cabello
Vista de La Cruz del Tajo y la Cueva del Tío Pepito


Una tarde, unos amigos, entre los que se encontraba Pepe Piñero, decidieron explorar una de las cuevas que está cerca de la Cruz del Tajo. Ya les habían advertido de que era peligroso, y que había un par de alturas importantes, pero ellos eran jóvenes y no conocían el miedo. Así que, con medios muy primitivos, se internaron en la cueva.
Sortearon sin problemas la primera bajada, y Pepe fue el más arriesgado y lo intentó con la segunda. Por lo visto tropezó y cayó hasta abajo, teniendo mucha suerte, porque no se hizo daño. Los amigos, muy preocupados, le gritaron que iban a buscar ayuda al pueblo y que no se preocupara.


Foto: Leandro Cabello
Entrada a la Cueva del Tío Pepito

Bajaron a Ubrique, dieron la voz de alarma y rápidamente subió al rescate un nutrido grupo de conciudadanos, muy preocupados porque pensaban que lo iban a perder.
Mientras tanto, Pepe Piñero, que era muy tranquilo y confiaba ciegamente en sus amigos, se había sentado tranquilamente allí abajo y, como cantaba bastante bien, se puso a cantar.
Al acercarse a la cueva, los amigos oyeron un ruido extraño, y muy asustados continuaron aproximándose, hasta que descubrieron... ¡que el ruido era el Tío Pepito cantado a pleno pulmón "El Vals de las Olas" (del mejicano Juventino Rosas, 1894).

Desde entonces la cueva, tuviera el nombre que tuviera, pasó a llamarse "La Cueva del Tío Pepito", no porque allí viviera nadie, que era imposible, sino porque el tío Pepito se había quedado allí encerrado. Decían que la cueva del Tío Pepito llegaba hasta el Salón Moderno (actualmente la Peña Flamenca, en la Plaza de la Verdura), pero eso no está en absoluto demostrado.

Seguro que muchos otros arriesgados se han quedado atrapados en la misma cueva, en nuestro caso la historia se repite: en el año 1983 ó 1984 nuestro hermano Manolo subió con sus hijos y su amigo Álvaro a la cueva. Iban dando un paseo y decidieron entrar. Dejaron a los niños esperando y se adentraron en la cueva con la ayuda de una cuerda que llevaban. La recorrieron hasta que les pareció prudente y al volver Álvaro salió sin problemas, pero Manolo no podía subir, lo intentó muchas veces pero cada vez estaba más cansado y definitivamente no podía. Así que Álvaro decidió bajar a buscar ayuda. Rápidamente vino a Ubrique, buscó a otros amigos, entre ellos a Leandro, y con una cuerda en condiciones subieron al rescate.

Foto: Leandro Cabello
Vista de Ubrique desde la Cueva del Tío Pepito


Finalmente Manolo consiguió salir, ya de noche, y nos contó que durante todo el tiempo se había estado acordando del Tío Pepito. Lo que no sabemos es si también se puso a cantar "El vals de las olas" o no.
Nuestro sobrino José Manuel nos cuenta que de aquella aventura sólo recuerda que se hizo de noche y que todos estaban muy preocupados. Él no lo estuvo en ningún momento, porque había mucha gente y muchos amigos, y la excursión se había convertido en una aventura nocturna.

De nuestro tío bisabuelo no tenemos ninguna imagen, pero sí una muestra de su escritura, que dejó plasmada en una tarjeta de felicitación que envió a su hermana Pepa (entonces era habitual, por aquello de seguir con los nombres de la familia, que hermano y hermana tuvieran el mismo nombre) con motivo de su santo a principios del siglo XX.




Tarjeta enviada por el tío Pepito a su hermana Pepa el día de San José


Querida hermana:
Te desea mil felicidades este que nunca te olvida y desea verte y abrazarte, Pepe.
Recuerdos a papá y a todos los demás.



jueves, 18 de junio de 2009

Manuel Cabello Janeiro: Historia de los curtidos romanos y árabes en Ubrique

Foto: Manuel Cabello Janeiro
Ubrique 1987



Esta fotografía, tomada en el momento de la presentación del primer libro de Manuel Cabello, "Ubrique, encrucijada histórica" guarda aún la alegría y la satisfacción que sentía en el momento de mostrar a todos su trabajo. Por fin había conseguido plasmar muchas de las experiencias que había vivido con sus alumnos y sus compañeros, había conseguido publicar su primer libro, y estaba rodeado de sus compañeros, sus amigos y su familia. Francisco Collado y Salvador de Sancha habían escrito la presentación y el prólogo de la obra. Juan de Dios Carrasco Janeiro y José Núñez Fernández se habían encargado del diseño, la reproducción y la portada. Esperanza Izquierdo, su mujer, se había encargado de las correcciones y Leandro Izquierdo había escrito una poesía para la presentación.
La obra la dedicó a su familia, y es un tesoro para todos los ubriqueños, porque en veintisiete capítulos trata temas relacionados con la historia de nuestro pueblo y la comarca.
Ya escribimos el capítulo XX, que trataba del descubrimiento de la Mesta en Andalucía, y a continuación transcribiremos el capítulo VI.



CAPÍTULO VI
CURTIDOS ROMANOS Y ÁRABES

El Rodezno, en otro tiempo tan verde y exhuberante, había perdido no decimos un poco, sino un mucho de su grandiosidad y belleza pasadas. Aquel pequeño rincón ubriqueño era algo así como el centro para la vida ciudadana, no sólo para el solaz y el recreo, sino para una actividad febril en varios aspectos.

Dos o tres molinos (uno de ellos, conocido como el de Cotrino o el del Nacimiento, fue en 1986 sede de la primera Fábrica Municipal de Luz, y principio de la central autóctona de la "Eléctrica de la Sierra". En aquel antiguo molino se molturaba el trigo durante el día, y por la noche se producía la electricidad) hacían girar sus descomunales ruedas harineras con el agua que, procedente del cercano nacimiento de la Cornicabra, caía en cascada sobre los arcaduces o cangilones de una noria conectada a la rueda dentada que engranaba con la principal de la tahona, y que en el argot molinero se conocía como "rodezno", de ahí que a la zona se la hubiera bautizado ya con el nombre de "El Rodezno". Y debió de ser muy antigua la instalación de estos molinos, porque escudriñando en las ruinas de uno de ellos, en determinada ocasión, encontramos una piedra escrita a manera de lápida, que conservamos y que textualmente decía:

"JHS (es un símbolo religioso) ESA OBRA HIZO GASPAR Y CABEZA AÑO DE 1682"

Como puede inferirse se trata de una lápida conmemorativa escrita en castellano antiguo, y para nosotros, los de la pandilla, de un hallazgo más.

Las aguas enfurecidas por la caída, salen al exterior por debajo de los molinos y como despedidas hacia afuera, formando arcadas reverberantes.


Foto: Leandro Cabello Izquierdo: el Rodezno


Y era bonito, porque, tiempo atrás, amén de aquel oficio de panadero, también se ejercitaba allí el de las lavanderas, mujeres que con paneras de madera o corcho de escalones redondeados longitudinales, realizaban el lavado de la ropa en aquellas limpias y frescas aguas, con tan sólo "jabón del verde" (hecho en labor artesanal con la cáustica y el aceite) y el agua. Y sobre todo ... ¡mucho pulmón! para una tela más pulcra.
Aquellas mujeres daban al ambiente un tono de jovialidad y alegría. Era muy agradable estar en el Rodezno!
Las aguas salidas del molino formaban un pequeño afluente del río de Ubrique al unirse con otro pequeño arroyo que procedía del Rano,y se fundían en el Llano del Río, como a cien metros más abajo. A partir del Rodezno y casi en ese centenar de metros se sucedían los molinos harineros, movidos por la misma agua, y las TENERÍAS, que precisamente aquella misma tarde en que nos habíamos citado allí pretendíamos conocer con más detalle, ya que hacía bastantes años que estos centros de producción de "pellejos curtidos" (fenomenales pieles que a través del tiempo habían dado origen a la famosa marroquinería ubriqueña) habían desaparecido; tan sólo quedaban allí ruinas y desolación. Era el imperio de la salvaje vegetación y de las ratas!

Lo mismo ocurría con los molinos harineros que habían desaparecido, todos menos unos, que , levantado sobre ruinas pasadas se había enganchado en el carro del progreso...

En realidad estábamos muy interesados por conocer una fábrica de curtidos, porque nos habían comunicado desde el Ayuntamiento que durante la Segunda República el número de tenerías a lo largo del río de Ubrique pasaba del medio centenar y que durante la Guerra Civil se militarizaron las que quedaban en número de cuarenta.

En el propio Rodezno habían existido cinco tenerías, de las que sólo quedaba una, propiedad de Don Manuel Rojas, muy decrépita y en ruinas. Las otras cuatros habían desaparecido ya, por ampliación del camino de la Esperanza, paralelo al río, o por adecuación para viviendas. Así pues, sólo podíamos investigar algo en lo que quedaba de la del señor Rojas.
Efectivamente era una auténtica ruina. Tuvimos que penetrar en ella en guardia ante el posible evento de un desprendimiento, y mientras lo hacíamos la primera pregunta que dirigimos a su dueño fue que por qué junto al río de Ubrique habían funcionado tantas tenerías. Su contestación fue inmediata: "El agua es de gran calidad para los curtidos, por su alto contenido en cal, magnífico curtiente que se emplea desde la más remota antigüedad."



Foto: Leandro Cabello Izquierdo: el Rodezno


-Pero los curtidos -inquirimos- ¿a qué fecha se remontan?
-Creo que existen documentos exactos de la curtición de las pieles en el Antiguo Egipto, contestó el señor Rojas, y a través de pinturas jeroglíficas se puede determinar más o menos fecha y manera de hacer el curtido.
- Y concretamente en Ubrique, ¿desde cuándo?
- Pues, hijos, eso ya no lo sé yo. Tengo cierta idea, pero es posible que entre en el campo de la hipótesis y la fantasía, de que los árabes supieron ya hacer una curtición tan perfecta, que muchas de sus rodelas y escudos de guerra estaban confeccionados con piel de Ubrique. me refiero a los árabes que ocuparon España durante casi ocho siglos. Os enseñaré en el interior una piel curtida no sabemos en qué fecha, porque cuando se compró esta fábrica, que lo hizo mi padre, sobre los años treinta, ya estaba aquí. Verán ustedes qué dureza, qué curtición tanto que sería muy difícil que la traspasara una flecha ni cualquier otra arma por el estilo. Además observaréis su ligero peso.

Y, efectivamente, nada más traspasar el umbral del segundo portón, al entrar en una habitación que olía a abandonada, dándonos cierta sensación de antigua oficina, pudimos ver por entre las maderas rotas de un viejo estante algo parecido a una manta mal doblada. Se trataba de una piel de becerro gruesa curtida en Ubrique hacía más de treinta años y que los familiares el señor Rojas usaban de vez en cuando , cuando eran necesarias unas "medias suelas" para los zapatos. Era dura como la madera, y su peso, a pesar de su gran tamaño, no debía de ser grande, de unos diez o doce kilos. Con estos datos no nos extrañaron las asevaraciones de nuestro acompañante.

Penetramos más al interior, una especie de patio porticado donde estaba el "alma mater" de su pasada industria. Todo indicando ruina: vigas caídas, tejas rotas por los suelos, desconchones, telaraña, enfin, un caos.

No obstante pudimos comprobar que en el suelo se hallaban dispuestos varios pilones o pequeñas piscinas, todos muy profundos , alcanzando los dos o tres metros de profundidad. El tamaño era muy irregular. Se ajustaban en realidad a las medidas de este patio porticado. Unos mediría, sobre superficie, 4x5 metros, otros 4x2 y así en este orden hasta completar seis pilones o noques, distribuidos cuatro semejantes en paralelo y dos a todo lo largo del rectángulo que formaban los cuatro mencionados.

-He ahí, dijo el señor Rojas, donde estaban los pellejos para su curtición. Contenían aguas preparadas para descarnar, depilar y conservar. Todo se hacía de manera natural, a base de sal común, que la traían las bestias desde las Salinas de Hortales, que ustedes ya conocen; curtientes como el tanino y el tejido suberoso de la encina y el alcornoque, y la cal, principal elemento en la curtición.

Una vez tratadas las pieles, continuó animado nuestro anfitrión, se pasaba al laboreo, sobre esas mesas que aún, milagrosamente, se canservan en pie. Esa de formas redondeadas e inclinada sobre el suelo, se usaba para el trabajo "de rivera", que era el primero que se efectuaba sobre las pieles, junto al río, por donde se mandaban las inmundicias de pelos, lanas y carnazas.

En las otras mesas, como veréis de mármol encuadrado con madera, se efectuaba el trabajo de "rematado", donde la piel, libre ya de todas las impurezas, recibía manipulaciones de perfeccionamiento hasta conseguir un curtido de gran calidad, que siempre fue muy famoso.

-Archiconocida era, prosiguió, la piel de Ubrique, hasta hay quien piensa que "el ubrique" era un animal especial...

Todos reímos la salida.

¿ Y cuánto tiempo se tardaba en curtir una piel? Fue en ese momento la pregunta obligada.

- Pues, más o menos... mirad, nos dijo, esa piel que hemos visto en la oficina, mi padre nos decía que habían tardado por lo menos dieciocho meses en prepararla. Nada menos que año y medio ¿Qué os parece?

Le tocó el turno al instrumental. Sobre las paredes había de todo. Y por los suelos ¿cómo no? también. Trás un simple ojeo pudimos catalogarlos en dos grupos, en los que las únicas diferencias se manifestaban por el tamaño. Después supimos que los instrumentos de uno de los grupos se llamaban estiras, y los del otro cuchillos. Estos últimos eran los más grandes, como de medio metro cada uno. Básicamente estaban fromados por una larga hoja de acero, semicurva, a manera de mandoble, en cuyos extremos se encontraban los mangos de madera. La piel, salida del noque correspondiente (unos con cal, otros con salmuera, otros con los curtientes) y bien reblandecida, se popnía sobre el tablero "de rivera" y la destreza del tenerario o curtidor iba limando las impurezas que contuviera: pelos, carnaza y restos, con los cuchillos de pelar, descarnar, desollar, etc.
Estos restos pilosos, o epiteliales, se dejaban secar al sol, y de los mismos se obtenía una magnífica cola de carpintero, muy apreciada por su alta calidad.
Seguía el proceso y la piel, después de varias semanas en los noques correspondientes, pasaba al tablero o mesa de rematado, donde con los otros instrumentos, llamados estiras, más pequeños que los cuchillos, como de 15 centímetros, le iban dando la consistencia necesaria y el ahormado preciso para que quedara una piel de bonito acabado.

La visita fue muy entretenida y quedamos satisfechos, pero lo estuvimos aún más cuando le pedimos al señor Rojas unas muestras del instrumental y algunos objetos en desuso de la tenería, y muy amable nos lo regaló.

En nuestras manos quedaba todo un muestrario de piezas de antología, correspondientes al instrumental de una fábrica de curtidos antigua que había desaparecido por imposición de la vida moderna que había aportado nuevas técnicas para la curtición. Gracias a nuestra visita este material se salvaba, y con la mejor ilusión prometimos guardarlo hasta que se creara el MUSEO DE LA PIEL DE UBRIQUE.

Después hemos buscado y rebuscado por otras antiguas tenerías ubriqueñas, sobre todo por aquellas que se militarizaron entre los años 1936 y 1943, pero no pudimos encontrar nada más. Todo había sido aniquilado por el abandono.

Nuestras conclusiones de estas visitas fueron muy claras y concisas. Bien merecían las tenerías un profundo estudio etnológico, por la importancia vital que han tenido para Ubrique, no sólo para su desarrollo comercial, sino porque el curtido ha sido la base fundamental para hacer de Ubrique CUNA DEL ARTÍCULO DE PIEL. Historiadores y etnólogos son lo que Ubrique necesita.


Fotografía: Leandro Cabello Izquierdo
Convento de Capuchinos



Salimos de la tenería. Frente por frente, de nuevo nuestro Convento, ahora en silencio trás la exclaustración de la comunidad capuchina que lo ocupara hasta el año 1936. Sólo queda como testimonio religioso el ser Santuario de la Patrona de Ubrique, la Virgen de los Remedios. Y junto a él, saliendo casi de sus pies, unas enormes arcadas, doce en total, que soportaban una conducción de agua a través de un canal que pasa por encima, a manera de acueducto romano.


Fotografía recuperada por Manuel Cabello
conducción de aguas al convento



Anteriormente habíamos hecho un pequeño trabajito para el libro ferial que resultaba muy interesante, pueden leerlo en este enlace.


Y continuamos paseo hacia abajo, por el camino de la Esperanza. Próximo a un centro escolar se realizaba por quella época la construcción de una guardería infantil. Apenas se habían iniciado los sondeos para la cimentación. Uno de los padres de los habituales de la pandilla estaba trabajando en esta obra, y nos paramos un poco mientras se saludaban. Cuando de nuevo se reunió con nosotros, nuestro compañero nos contó a media voz, como si no quisiera desvelar algún secreto, que en los fondos de las cimentaciones están apareciendo unos "muros muy raros".
Dice mi padre, continuó, que no conviene que entremos en la obra ahora. Hay muchas visitas y pueden ponerse en guardia. Que si encuentrfa algo nos lo dirá rápidamente.
Y sin más, no creyendo que tuviera mayor interés, continuamos hacia nuestros respectivos domicilios, no sin antes fijar día y hora para recoger todo el material que el señor Rojas nos había cedido en la tenería. En total 75 piezas.
Convinimos en que sería el sábado y que podríamos estar todos juntos disfrutando del fin de semana.

La cueva del Arenal

En la cueva del Arenal. 1952
Fotografía recuperada por Luis Eduardo Rubio Bernal


Los paseos y los días de campo eran algo muy cotidiano, amigos y familias se reunían los días de fiesta o en las tardes de primavera y verano y daban largos paseos por los alrededores.
Ahora vamos siempre en coche, y los campos son privados, por lo que la costumbre de los paseos se pierde a pasos agigantados. Es una lástima que hasta perdimos "el día de los paseos" y dejamos de ir a la "viña el moniato".
Hemos localizado una fotografía de nuestra madre y nuestra tía Joaquina, un día de paseo hasta la cueva del Arenal, y al verla hemos recordado que existía esta cueva desde siempre, que era objeto de expediciones y excursiones infantiles cada vez que íbamos al campo de Tita Julia. Que entrar daba miedo y al mismo tiempo parecía muy interesante. ¿Dónde está la cueva? La tapiaron porque representaba un peligro para los que se aventuraban en su interior y ahora no queda ni rastro.
Por lo menos, desde hoy, hemos recuperado el recuerdo.

jueves, 11 de junio de 2009

Recuerdo escolar

Foto: Esperanza Izquierdo Fernández
Ubrique, 1951

En esta época en que termina el curso escolar, y que todos empezamos casi a disfrutar del verano, hemos encontrado esta fotografía de Recuerdo Escolar tan especial. Hasta ahora eran fotografías de niños y niñas recién peinados, con un gran mapa o una pizarra como fondo, una bola del mundo al lado y un gran libro sobre la mesa. Pero aquí está Esperanza Izquierdo , penúltima a la derecha, con sus diecinueve añitos, su bachillerato terminado y en el colegio del Sagrado Corazón de Ubrique (el asilo de toda la vida) bordando con sus compañeras en el patio, para aprovechar el fresquito de la tarde.
La jornada escolar en los años cincuenta era contínua. Se empezaba por la mañana, se hacía un alto para la comida y se seguía toda la tarde, aunque normalmente cosiendo, mientras una de ellas leía.
A veces cantaban, a veces rezaban, pero estaban muy lejos de la tecnología moderna, lo que no impidió que los escolares desarrollaran el buen gusto y una cultura que abarcaba todos los ámbitos del saber. Nuestra madre es muy aficionada a la lectura, a la música clásica, también a las reuniones familiares, y hemos encontrado un regalito para ella.


Recuerdo Escolar, curso 1950-1951

martes, 9 de junio de 2009

La Cerca: mejorando la memoria


Foto: Leandro cabello Izquierdo
La Cerca: Bosquecillo de encinas

Dicen que la memoria juega a menudo con nosotros y hace que los recuerdos, sobre todo si son de cuando éramos pequeños, se amolden a nuestros ideales. Así vemos las casas más grandes, los amigos más amigos, los cielos más azules, los campos más verdes...
Nosotros recordábamos La Cerca, el campo familiar, como el mejor de los campos del mundo, un lugar en el que nos mezclábamos con la naturaleza para jugar, bañarnos, aprender, estar con la familia y disfrutar.
Pero nuestro recuerdo se ha quedado, por una vez, corto, y nuestra sorpresa ha sido muy grata al admirar la belleza del paisaje y la preciosidad de árboles que aún siguen allí, esperándo a que otro montón de primos vuelva a jugar entre ellos.
Gracias, Leandro, por recordarnos los tesoros que tenemos aquí mismo, al alcance de la mano, ya casi en pleno centro del pueblo. Que siga así muchos años...

Foto: Leandro Cabello Izquierdo
La Cerca, junio 2009

sábado, 6 de junio de 2009

Los hijos de Manuel Janeiro Córdoba

Foto: Manuel Janeiro Córdoba
Ubrique, fotografía realizada por Eulogio Cota


Foto: Manuel Janeiro Rubiales.
Córdoba (Argentina) 6 agosto 1912
El tío Manuel se fue a Argentina y nunca volvió


Foto: Humberto Janeiro Rubiales
Ubrique, enero de 1921


Foto: Emilio Janeiro Rubiales
Ubrique, 1919
Imagen superpuesta de su padre, Manuel Janeiro Córdoba



Foto: Rogelio Janeiro Rubiales
Ubrique, 1921
El mejor pintor de la familia
(Título otorgado con el permiso de sus nietos, claro)

Estamos a la espera de poder publicar las fotografías de los otros hijos de Manuel Janeiro Córdoba, así que continuaremos la saga próximamente.


Antonio Hormigo

Foto: Antonio Hormigo 1879

Fotografía de Antonio Hormigo realizada en el "Estudio de Fotografía Universal Beauchy Rodríguez", sito en la calle Sierpes, nº 16, en Sevilla.

En el reverso podemos leer: "A mi más queridísima prima Amalia Morales, en prueba de lo mucho que le quiere su primo".

Antonio Hormigo
A los 24 años, 6 meses y 7 días
Sevilla, 1º de Febrero 79




Antonio Hormigo, 1879. Reverso de la fotografía

Tiene una caligrafía muy peculiar, en la que destacan las vocales finales, terminadas con un signo característico que las hace parecer "s", y las "s", que parecen las "z" de la escritura de los años 50. Es muy bonito el signo que adorna la "a" que comienza cada párrafo, y también destaca la rúbrica en la firma, tan dibujada.

Por otro lado, no sabemos quién es Antonio Hormigo, pero Manuel Cabello conservaba esta fotografía en un álbum especial junto a la de su bisabuelo y su tía Isabel. Esperamos despejar muy pronto la incógnita.

Esperanza Cabello Izquierdo, junio 2009


viernes, 5 de junio de 2009

Francisco Cabello España

Nuestro tatarabuelo Francisco Cabello España
Un Sedellaño histórico e ilustre


Nuestro tatarabuelo Francisco Cabello España había nacido en Sedella, Málaga, a mediados del siglo XIX, padre de Francisco Cabello Medina, maestro, que había emigrado a Argentina a finales del siglo.


Francisco Cabello Medina fue padre de un Francisco Cabello Orellana, un niño que murió a los tres años en Argentina, y más tarde de Francisco Cabello Orellana, nuestro abuelo, empresario y hombre de negocios que llegó a Ubrique desde Argentina con 7 años, trás la muerte de su padre.


Francisco Cabello Orellana fue padre del niño Francisco Cabello Janeiro que nació enfermo y murió a los nueve años. Él era hermano de:


- José Cabello Janeiro, abogado, padre de Francisco Cabello Clotet, nacido en Ronda.
- Manuel Cabello Janeiro, maestro, padre de Francisco Cabello Izquierdo, maestro, nacido en Ubrique.


Francisco Cabello Izquierdo es padre de Francisco Cabello Oliva, ingeniero, nacido en Ubrique...


... Y estamos seguros de que esta ronda de Franciscos no terminará aquí.


(Nota de diciembre de 2011: Francisco Cabello Oliva ha emigrado a Argentina, donde murió su tatarabuelo Francisco Cabello Medina y donde nació su bisabuelo Francisco Cabello Orellana. Allí ha encontrado la "Hondura de unas raíces").

lunes, 1 de junio de 2009

El Dodge: un buen coche

Foto: Natalia Fernández Piñero, 1954


Nuestro abuelo Leandro había vendido su primer coche, un Buick del año 42, porque representaba más trabajo para él, y además era un gran compromiso poseer el único coche del pueblo.
Pero la modernidad se iba imponiendo, y a principios de los cincuenta compró otro vehículo, esta vez un Dodge Coronet, que ya tenía un uso más familiar que profesional. En esta foto podemos ver a nuestra abuela Natalia el 24 de abril de 1954 en un viaje a Sevilla.
Los transportes habían avanzado mucho, de los dos días que nuestro bisabuelo Francisco Izquierdo (arriero de profesión) tardaba en llegar con sus mulas a Sevilla a las ¡¡cuatro horas!! que se tardaba con el dodge.
Más tarde cambiamos de coche, a finales de los cincuenta el nuevo vehículo era un Dodge Dart, que mostramos en la fotografía siguiente.


Foto: El Dodge que conocimos: el "Simca estirazao"
(Pinchando en la foto se ven los otros coches del garaje)

Este coche ya lo conocimos casi todos los nietos mayores, cuando había que ir a Ronda, o a Sevilla, o los veranos a Cádiz allí que nos montábamos en el "simca estirazao" que le decíamos, y hacíamos el viaje. Casi siempre nos llevaba alguien de la fábrica, Víctor o Paco, que también nos llevaban cuando había que recoger a nuestro abuelo del aeropuerto de Sevilla.
¡Qué curvas! ¡Qué carretera! La mayoría de las veces no llegábamos a la cueva del Arenal y ya había que parar porque "teníamos fatigas". Y después las ventas: la venta Remedios, en la "hedionda", la Mesa Jardín, el cruce de Arcos, el cruce de las Cabezas. ¡Qué camino tan larguísimo...!