domingo, 26 de abril de 2009

La Cerca: el campo de la familia Cabello Janeiro

Francisco Cabello en La Cerca. Abril 1974

La Cerca fue siempre el campo familiar, el campo de todos. Pertenecía en origen a la familia de nuestra abuela Julia por la parte de los Rubiales. Cuando murieron los bisabuelos, la heredaron todos los hemanos, pero nuestro abuelo Paco fue comprando poco a poco las partes a los hermanos de nuestra abuela Julia, incluída nuestra tía Ana, que vivía con ellos.
La Cerca se convirtió muy pronto en un refugio para todos y en mucho más, porque durante la guerra se siguió cultivando la huerta y fue de gran ayuda para que la familia siguiera adelante (a ello también ayudaron las palomas que había en el palomar del la casa familiar). Era una huerta frondosa y bien cuidada que se mantuvo muchos años. Nosotros conocimos a Frasquito, siempre atento y siempre trabajando, con su burro, aprovechando el manantial y la alberca para regar las lechugas, recogiendo las nueces, las aceitunas y las almendras.
Nuestro abuelo nos contaba que tuvo un gran susto después de la guerra. A él le gustaba acercarse todos los días, y aunque el campo estaba junto al pueblo (es la actual urbanización Mirasierra), en realidad se encontraba aislado. Una tarde estaba sentado tan tranquilo, leyendo un ratito como en la fotografía de la entrada, cuando oyó que venían varias personas por los olivares. Se trataba de los maquis, que podían secuestrarlo o algo peor, así que salió corriendo, saltó alambradas y muros y fué capaz de saltar la pared de casi tres metros de las casas de las Regueras, que dan al catalán. Él contaba que el miedo le dió alas, y nunca se explicó cómo había podido correr tantísimo.
Más tarde, a partir de los sesenta, la Cerca se convirtió en lugar de reunión familiar, Manuel Cabello agrandó la alberca, rehicieron la casa un poco y toda la familia se reunía allí. Recordamos a los primos, a los tíos, a la familia, a los amigos; las paellas, los revueltos, las aceitunas, las nueces; los baños, las tertulias... Recordamos a nuestro tío Antonio Izquierdo contando anécdotas hasta altas horas de la madrugada para decir al despedirse: "Soy hombre de pocas palabras". Recordamos a los parientes de abuela Julia que venían a vernos y siempre era una novedad. Recordamos a nuestro abuelo sentado entre esas dos palmeras que creíamos que se había traído la abuela Joaquina desde Argentina (en realidad se había traído una platanera que siempre estuvo en el patio de la casa), o a nuestra abuela Julia buscando hinojos, porque le gustaban muchísimo, o a todos buscando palmitos, tagarninas, espárragos y caracoles, o los gamones para el Día de la Cruz, aunque poquitos, porque no era tierra de gamones.
Cuando se iba acercando la feria nos reuníamos los primos para coger algarrobas y venderlas, así teníamos un poco de dinero para los cacharritos. Después había que recoger aceitunas, poníamos una manta y vareábamos el olivo, y entre toda la chiburralea cogíamos muchísimas.



Vista de La Cerca desde la actual Plaza de las Palmeras, en plena primavera de 1983


La Cerca siguió siendo lugar de reunión incluso después de la muerte de los abuelos, pero ya no era lo mismo, cada uno había seguido su camino y ya estábamos desperdigados.
El pueblo siguió creciendo, hacía falta terreno para construir y se presentó la oportunidad de vender La Cerca. Con mucha pena la familia vendió un trozo, donde estaba el manantial, que se cegó, la casa y la alberca. Conservamos aún unos cuantos miles de metros, pero nunca nos volvimos a reunir allí.
En la actualidad quedamos sólo siete de los primos en Ubrique y tenemos o hemos tenido campito, y, aunque ninguno es como La Cerca, en todos nos seguimos reuniendo, hemos plantado palmeras y nogales; los niños juegan y se bañan y recogemos las algarrobas, las aceitunas, los espárragos, las tagarninas , los hinojos y los gamones.
¡Ojalá que nuestros hijos tengan los mismos maravillosos recuerdos que tenemos nosotros!


Esperanza Cabello Izquierdo, abril 2009

viernes, 24 de abril de 2009

Los "Manolos" de la familia Janeiro.

Cuatro de "los Manolos" de la familia. 1958


Esta es una foto muy entrañable de cuatro de los "Manolos" de la familia Janeiro. Los cuatro primos muy contentos en la boda de Manuel González Pan, a finales de los cincuenta. Esta era una fotografía muy apreciada por Manuel Cabello, siempre tan familiero, y fue una de las primeras razones para organizar el encuentro de los "Janeiro", a principios de los noventa. En esta boda se juntaron los primos Manolo Álvarez Janeiro, Manuel Janeiro Carrasco, Manuel Cabello Janeiro y Manuel Janeiro Pérez, y se dijeron que aún quedaban más primos "Manolos" y que deberían juntarse todos un día.
En la I Convención de Janeiros celebrada en Ubrique, se reunieron más de cuatrocientos descendientes y allegados, y por fin consiguieron reunir a todos los Manolos de la familia, lo malo es que ninguno de nosotros se acordó de contarlos, así que dejamos la duda de cuántos Manolos hay para quien quiera hacer el recuento total. Por el momento, y con un saludo especial para Manolo Janeiro "El genuino",y un beso para nuestro hermano Manolo, la foto de estos cuatro primos es un homenaje a todos ellos.

Esperanza Cabello, Ubrique, abril 2009

La mili al otro lado del estrecho.

Haciendo la mili en Ceuta


A Manuel Cabello le tocó hacer la mili fuera de la Península. Las influencias de abuela Julia no fueron suficientes para hacerlo volver a Andalucía, así que se tuvo que quedar en Ceuta durante año y medio. Eran tiempos duros, el principio de los años cincuenta, y la vida en Ceuta era difícil.
Su novia, Esperanza, le escribía todos los días, y en cada carta le mandaba un billete de una peseta, y un poco de picadura de tabaco que compraba en cuarterones a las "matuteras", mujeres que venían andando desde Cortes de la Frontera cargaditas con productos de Gibraltar: medias de cristal, ropa interior de nylon, combinaciones de señora, café, mantequilla "flande", chocolate, colchas y un sinfín de novedades que iban sirviendo para el ajuar de las "mocitas".

Manuel estuvo toda la mili sin venir a Ubrique, no tuvo permiso ni siquiera para venir a la boda de su hermana Julia, aunque lo intentó, pero los permisos fueron inexistentes.

Un día en que iba a visitar a unas amigas de su madre, llamó por teléfono a su novia, y entusiasmado con la conversación no quiso colgar, así que se gastó todo el dinero en la conferencia. No le quedó ni una peseta para comer. Cuando llegó a la casa de las amigas de su madre no consintió que le pusieran de comer, pero la amiga cortó unas tapitas... y no quedó ni la muestra.
Pero, afortunadamente, todo termina, y un día de verano de 1951, Esperanza había subido de paseo con sus amigas a Benaocaz, después fueron a Villaluenga, y volvió muy contenta porque al día siguiente regresaría su novio, pero, al vover a su casa, su abuela le dijo: " Yo he visto a un muchacho subir por la cuesta arriba..." El muchacho no había querido retrasar su llegada yendo hasta Ronda, así que se había bajado del tren en Cortes y se había venido andando para llegar un poco antes de tiempo.

Manuel llegó muy moreno, y con 17 kilos menos!

El primer coche de abuelo Leandro en Ubrique


 
Leandro Izquierdo Rivera con su Buick. 1940

La guerra civil sorprendió a Leandro Izquierdo trabajando en Madrid. Denunciado por otros ubriqueños, fue encarcelado y pasó los tres años de la guerra en Caravanchel. Tuvo muy buenos amigos entre los presos y los carceleros, que incluso le salvaron la vida, y pudo volver a su casa una vez terminada la guerra.
Aquí en Ubrique la vida había continuado con muchas dificultades, Natalia vivía con sus cinco hijos, Teresita y sus suegros en la Calle Real, y el abuelo Francisco se había hecho cargo, a su manera, de la fábrica de artículos de piel que Leandro había montado.
Cuando Leandro volvió a su casa, en 1939, el negocio estaba en crisis, pero el abuelo Fancisco había seguido fabricando piezas durante toda la guerra. Como había mucho género que vender y los transportes dejaban mucho que desear, Leandro decidió comprar un coche, un buick, que le sirviera para viajar con las piezas fabricadas para poderlas vender. Durante varios años trabajó como viajante, vendiendo sus propias piezas, hasta que consiguió rehacer su economía y continuar su negocio, cada vez más floreciente.
El coche lo vendió cuando no le hizo falta viajar más, porque, al ser el único vehículo del pueblo, tenía compromisos constantes para llevar a la gente de viaje, tantos que a veces le hacía la competencia al servicio de autobuses ya instaurado.
En la foto vemos a Luis Piñero (hermano de nuestra bisabuela Pepa y socio de Leandro), Leandro Izquierdo y Francisco Cabello, que también era fabricante y que más tarde sería su consuegro, saludando al autobús Jerez-Ubrique en la Venta Martín, en una fotografía que calculamos que será de 1940 aproximadamente. ¡Atención al calzo de la rueda trasera del autobús!


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miércoles, 22 de abril de 2009

Ubrique, corazón de la Sierra de Cádiz, por Manuel Cabello Janeiro.

Vista de Ubrique. Foto de Leandro Cabello


Transcribimos a continuación el artículo "Ubrique, corazón de la Sierra de Cádiz", escrito por Manuel Cabello y publicado por el periódico ABC número 21.816 el 15 de agosto de 1973:


"La llanura gaditana, la enorme llanura gaditana, se cansó de ser campiña. Cambió los llanos marismeños, rotos por las fisuras de esteros, los de caulina y la mata por las onduladas mohedas y suaves crestas; después... las moles gigantescas de la serranía. Desde Arcos, su gardián y su guía, se otea en el horizonte la mole enhiesta y grisácea del San Cristóbal. Su ciclópea configuración se señala a veces por su fantasmagórica figura; otras, es faro de esperanza para el navegante del Atlántico que se aproxima a las costas españolas.
Y a su sombra diecinueve pueblos, nacidos de la sobriedad innata de la sierra e hijos del devenir de la historia. Su situación, en el NE de la provincia de Cádiz y sobre las últimas estribaciones de la Penibética, le dan una fisonomía muy particular, a la vez que es brazo de unión de tres provincias hermanas: Sevilla, Málaga y Cádiz.
Sus bastiones, murallas inaccesibles, sirvieron de frontera en épocas pretéritas, y en él pensaba como paraíso soñado el hombre primitivo:
Sus ríos, encabezados por el rey de los cauces gaditanos, el Guadalete ( río Lethr, de antiquísima etimología céltica) vivificados por los de Ubrique, Tavizna y el truchero más meridional de Europa, que lleva el nombre de un bonito pueblo, "boom" turístico de la sierra: El Bosque, sirvieron, por su inagotable pesca, de almacén, a la vez que formaban un poderoso nudo de comunicaciones naturales.
Sus bosques, abundantes por sus estructuras geológicas y su clima, supusieron para el hombre primitivo recolección y caza.
Sus numerosas cuevas y cavernas suministraron la habitación necesaria, y en ellas nos dejaron libros abiertos con páginas muy interesantes de sus vidas, como son la Pileta, el Berrueco, las Palomas, el Aznar... y tantas y tantas otras conocidas o semiconocidas como abundan por la serranía gaditana.
Modernas técnicas arqueológicas llevadas a cabo en el Salto de la Mora, del término municipal de Ubrique, nos descubren un mundo totalmente inédito y científicamente comprobado: el púnico, de existencia anterior al milenio antes de Cristo, hablándonos de una cultura muy avanzada. Y debajo de esta cultura, restos muy significativos de la existencia del hombre anterior a este mundo púnico.
No cabe duda de la bondad del paisaje, paradójicamente encuadrada en sus propios riscos, que le sirven de defensa; sus abundantes manantiales (calizos, sulfídricos, salinos, minerales, termales, ferruginosos...) dan lugar a poderosas vías de penetración y comunicación, y sus bosques hacen de la serranía el lugar ideal para una existencia feliz.
Ya en tiempos más históricos, los romanos se asientan con un vigor sin precedentes en la serranía. Son numerosos los yacimientos, y entre ellos hay que recordar al bravo Ocurris, a la feliz Lacídula grazalemeña, al activo Ituppcis o a la majestuosa Clarisa Aurelia. Cuántas y cuántas villas y viviendas abundan por doquier!
Pero creemos, y esto no es bien conocido por todos, que sus valles, pasos, desfiladeros y cañones tuvieron un papel trascendentalísimo en la historia, ya que, al igual que a Viriato, sirvieron para desde allí atacar a las huestes romanas, en guerra de guerrillas; y a muchos héroes anónimos les han servido como parapeto en defensa de su tierra cuando ésta ha sido hollada por el invasor enemigo.
Modernos ejemplos tenemos en los guerrilleros serranos, héroes nacionales, Ceballos, Zaldívar y Juan Ruiz, el Vizcaíno (moderno carbonero que, con su partida, tuvo en jaque a mariscales y generales franceses durante varios años, en la guerra de la Independencia.
Pero volvamos atrás. Los pueblos godos, sobre todo los alanos, se contentaron con destrozarlo todo a su paso hacia África. No obstante, y en eso nos dejamos llevar por la fantasía y la tradición, Don Rodrigo, su último mandatario, pernoctó la famosa noche anterior a la batalla del Guadalete en el Castillo de Aznalmara, en el enclave del Hondón, entre Benaocaz, Grazalema, Benamahoma y Ubrique.
La penetración árabe fue fácil. Trás la estrepitosa caída de Don Rodrigo, los hispano-romano-visigodos, según el decir de la historia, vieron con indiferencia esta invasión, y a la vez que pasaban algunos en francas galopadas hacia el norte español, otros íbanse quedando en estas montañas. Casi ocho siglos duraría este asentamiento árabe, pues aunque Fernando III el santo y Alfonso X el Sabio conquistaron en el siglo XII casi todo el valle del Guadalquivir, estas tierras fijaron fronteras con el reino moro de Granada, quedando como "tierra de nadie" durante dos años y medio, época esta que marca la de mayor desventura de la serranía, por ser terrenos de "razzias".
Sobre sus picachos se levantaron numerosas fortalezas, las más de las veces como torretas vigías, para avisar del peligro de invasión: Matrera, Cardela, Garciago, Bujeo, Mulera, Tavizna O Aznalmara, Benaocaz, Villaluenga, Zahara de la Sierra, Olvera, Arcos... forman un mosaico estratégico perfectamente definido. En la actualidad algunas de ellas se conservan en buen o relativamente buen estado. Entre ellas Aznalmara, Olvera, Arcos y alguna otra quizás en breve sean conocidas por el turismo.
De la existencia árabe quedan valiosos recuerdos. Sobre todo para Ubrique, desde donde ha arrancado la actual artesanía manufacturera de la piel, el recuerdo más valioso sea el de los curtidos del cuero. Para ello crearon una floreciente industria, aprovechando el tejido de la encina y el alcornoque, sus aguas, eminentemente cálcicas, el tanino, tan abundante, y la sal, que se extraía y se extrae de los yacimientos de Hortales.
Todos estos ingredientes, unidos a una técnica especial, daban tal consistencia a la piel, que podemos asegurar que los escudos de guerra estaban fabricados con pieles curtidas en Ubrique. Esta remota industria de los cueros ubriqueños con el pasar de los siglos se perfeccionaría, dando lugar a la internacionalmente conocida "piel de Ubrique", que al principio del siglo pasado se transformaría en rústicas petacas, bolsas de avío y precisos, primitivas carteras que por su sencillez y simple rematado nos dejan hoy, esas reliquias de nuestra artesanía, maravillados ante su contempalción.
Finaliza la Reconquista y es cuando de verdad comienza el proceso histórico de la serranía. Zahara, Olvera y Arcos quedan como cabeza de comarca, y con ellos encuadrados los distintos municipios. Por Real Cédula de Privilegio y Merced dada por los Reyes católicos en Jaén, el 11 de enero de 1490, devuelve a la Casa Ducal de Arcos, por servicios prestados, favores traducidos en tierra, y es así como el Señorío de la Siete Villas pasó a depender de los Ponce de León, viviéndose bajo un aspecto feudal casi dormitando hasta finales del siglo XVIII
Y al principio del siglo XIX la Sierra despierta de su letargo. El francés invasor ataca con saña la tierra hispana. Los serranos luchany defienden su terruño como no está en los escritos. Pero los "gabachos", feroces y vengativos, viendo que nada podían hacer con los guerrilleros, perfectos conocedores de su tierra,que les atacaban, queman y expolian una y otra vez las villas serranas, quedando como recuerdo de un mal pasado aquella popular letrilla que dice:

Villaluenga del Rosario
No quiso capitular
Y vinieron los franceses
Y quemaron el lugar

De estas cenizas de destrucción y odio se levantarían durante el pasado siglo, cual Fénix de leyenda, estos pueblos de los que al menos uno ha alcanzado su esplendor. Este pueblo, Ubrique, que tiene su arranque en su propio valor, , que nace a la sombra de una piel que le dio fama, que no tiene fronteras, y que al presente ha transformado aquella piel en pura artesanía marroquinera, envidia del mundo entero. Ubrique da vida con lazos de verdadera hermandad a toda la serranía gaditana, luciendo con orgullo el eslogan del que se ha hecho acreedor: "Pueblo blanco, turístico, cuna del artículo de piel". Y, ¿por qué no? Corazón de la Serranía Gaditana.

Manuel Cabello Janeiro, Ubrique, agosto de 1973.

Profesor de ciencias sociales desde 1966, Manuel Cabello se dedicó durante toda su vida como maestro a darnos a conocer a todos la historia de nuestro pueblo. Sentía tal adoración por su tierra que aprovechó cualquier oportunidad para hablar de ella, y publicó numerosos artículos en los periódicos de la época, siempre con el mismo tema: Ubrique, La Sierra de Cádiz y la historia de nuestros pueblos.
Y aunque Ubrique siempre fue el primero, Manuel Cabello fue un enamorado de todos los pueblos de la Sierra: de pequeños recorrimos una y otra vez las calles de Benaocaz, Villaluenga, Benamahoma, Grazalema, Zahara, Algodonales, El Gastor y tantos otros pueblos, en los que siempre había alguien que lo apreciaba y los llamaba: "Don Manuel, venga usted a ver...". Nos llevó a todas las fiestas populares; al Corpus, a los Moros y Cristianos, al toro de cuerda, a las romerías... y siempre era bien acogido, lo conocían y lo invitaban a conocer los secretos de sus pueblos. Hasta lo invitaron varias veces a ser pregonero de las fiestas.
Fue, sin lugar a dudas, uno de los precursores del fomento de turismo en los Pueblos Blancos de la Serranía Gaditana.

Esperanza Cabello. Ubrique, abril 2009

lunes, 20 de abril de 2009

La XVIII Subida al Pico de San Cristóbal

Con su buen amigo Luis, coronando el Pico de San Cristóbal a finales de los cincuenta


Transcribimos a continuación una de las crónicas de radio que Manuel Cabello transmitió; la corrrespondiente al domingo, 1 de mayo de 1977:


"Este primer domingo de mayo amanece un día totalmente despejado en la Sierra Gaditana. Magnífica visibilidad, magnífica temperatura y magnífico en todos los aspectos meteorológicos.
Hoy será un día de máximo atractivo para los visitantes que, como todos los domingos y festivos llenarán los más intrincados rincones de nuestra Sierra.
Nuestras carreteras, en general, con buen firme. Salvo la 3331, Sierra de Cádiz-Campo de Gibraltar, que presenta numerosos blandones y baches entre Grazalema y Villaluenga, originados por los pasados temporales; también entre Ubrique y El Mojó, de los kilómetros 28 al 37, por obras de ensanche, con numerosos obstáculos debidamente señalizados.

No hace más de una hora han salido de Ubrique los participantes en la "XVIII Subida al Pico de San Cristóbal", galeón gigante de la provincia de Cádiz, que ha sido organizada por la obra de Educación y Descanso. En esta excursión marchan numerosos jóvenes dispuestos a pasar en las Sierras Grazalemeñas un feliz día de asueto para hacer un recorrido turístico por 10 pueblos blancos de la Serranía.
En uno de ellos, Zahara de la Sierra, se elegirá a "Mis Pico San Cristóbal 1977", nombramiento que normalmente recae en la señorita de mayor atractivo y vitalidad de las que participan en la excursión.

Y nada más, desde la Sierra de Cádiz, una feliz jornada..."

Creemos que este fue uno de los últimos viajes al Pico de San Cristóbal, después de veinte años organizando la excursión hubo que suspenderla para preservar el espacio natural. No obstante, las excursiones de Manuel Cabello no se quedaron aquí...

Esperanza Cabello Izquierdo, abril de 2009


domingo, 19 de abril de 2009

La subida al Pico de San Cristóbal: el Valle de los Íleos

En el Torreón, mayo de 1960

Manuel Cabello tenía un espíritu aventurero sobre todas las cosas, y le encantaba inventar actividades que englobaran a muchas personas. Las subidas al pico de San Cristóbal son una buena muestra de ello.
Todo empezó a principios de los sesenta, cuando un grupo de amigos subió al Pico de San Cristóbal, conocido entonces como el más alto de la provincia. De aquella excursión surgió la idea de subir allí una cruz, como la Cruz del Tajo. Un año más tarde hicieron una bonita cruz de madera, que colocaron, con grandes esfuerzos, en la cima. Incluso llegaron a convencer al párroco del momento, don Gabriel, para que bendijera la cruz y dijera misa en aquel lugar.
Estas excursiones se hacían el primero de mayo, uno de los pocos días al año en que no se trabajaba en las petaquerías. Poco a poco se fue instituyendo la subida al pico de San Cristóbal, y cada vez eran más los interesados en subir.





Foto de Luis Guijo



Manuel Cabello tenía un bastón en el que hacía una muesca cada vez que coronaban la cima, con él se ayudaba para subir y no resbalar con el hielo, porque en aquella época no había equipos de montaña. Al principio todo el camino se hacía andando, y cargaban ellos mismos con los alimentos y el agua. Un día que iban a hacer una paella se perdieron buscando el camino de La Huerta de Benamahoma; entonces preguntaron a un pastor dónde estaba La Huerta, y él les pregunto "¿La huerta de quién? Eso les dió una idea de lo desviados que estaban, tan desviados que habían llegado a Zahara de la Sierra.
La subida al Pico de San Cristóbal se convirtió en un hito para los ubriqueños el uno de mayo. Manuel Cabello organizaba el evento y llegaron a ir hasta cinco autobuses, porque todos los petaqueros y petaqueras aprovechaban para hacer la excursión este día de descanso.
En una ocasión, Manuel Cabello encargó a la imprenta unos folletos anunciando la subida, y la describía explicando que había que pasar por un valle en el que había antiguas neveras (huecos que se llenaban de agua para que se congelara y se hiciera hielo , o donde se conservaba lde forma natural el hielo , que después se llevaba a los mercados para conservar los alimentos durante el siglo pasado) y lo llamaba "el valle de los hielos". Hubo un error de imprenta en esos folletos, ponía "Valle de los Íleos" , y el nombre le pareció tan llamativo y tan sonoro que, a partir de ese momento, siempre fue el Valle de los Íleos.
La Subida al Pico de San Cristóbal se repitió durante muchos años, creemos que unos quince, al final participaba casi todo el pueblo y hasta se hacía la elección de Mis Pico San Cristóbal. Pero la zona fue declarada zona protegida primero , Reserva de la Biosfera después y Parque Natural más tarde, por lo que el desplazamiento de tantísimas personas no era aconsejable y no se pudo seguir celebrando. De todas formas en el recuerdo de todos los ubriqueños quedan aquellas excursiones por nuestras montañas.

Grazalema comparte con Ordesa-Viñamala el honor de ser la primera Reserva de la Biosfera declarada en España, a comienzos de 1977, reserva cuya extensión (50.000 hectáreas) coincide con la del Parque Natural Sierra de Grazalema que fue declarado en 1984.

Leandro Cabello Izquierdo, abril 2009

Natalia Fernández Piñero: una señora abuela

Natalia Fernández Piñero el día de la primera comunión de una de sus nietas, 1967

Nuestra abuela Natalia fue, durante toda su vida, una persona muy especial. Nacida a principios de siglo en el seno de una familia exquisita, se crió con toda la dulzura de su madre, Pepa, y de sus tías las Piñeritas, porque su padre, Eduardo, murió demasiado pronto.
Su esmerada educación y el cariño que recibió durante su infancia y juventud hicieron de ella una mujer sensible, educada, piadosa , sencilla y fundamentalmente buena persona.
Se casó muy joven con Leandro Izquierdo y los hijos llegaron pronto. Nacidos Francisco y Esperanza tuvieron que mudarse de nuevo con las Piñeritas, que acogieron a la familia con cariño hasta que se establecieron en la calle Real. Allí nacieron tres hijos más: Leandro, Antonio y Eduardo. Entonces llegó la guerra y la familia se separó. Fueron tiempos muy duros para Natalia pero ella supo hacer frente a todas las dificultades y llevar a su familia adelante. Después de la guerra dos hijos más: José Luis y María Remedios.
Natalia supo criar a sus hijos con decisión y dulzura a la vez, haciendo de ellos hombres y mujeres de provecho, pero su mayor alegría fueron sus nietos. Tantos nietos y nietas a los que dedicarse y a los que querer... En la fotografía la vemos feliz el día de la primera comunión de una de sus nietas.
Durante toda su vida fue un ejemplo para todos nosotros, un modelo a seguir como mujer, capaz de seguir adelante a pesar de las zancadillas de la vida, capaz de amoldarse a las exigencias del guión de la suya propia, capaz de entregarse a todos nosotros sin pedir nada a cambio.
Si hoy pudiera vernos, ver a sus nietos y a sus bisnietos, se sentiría feliz y nos sonreiría a todos.

Julia Janeiro Rubiales: una señora abuela

Julia Janeiro y Francisco Cabello el día de la boda de María Remedios

Nuestra abuela Julia era sobre todo eso: una señora. La recordamos con admiración y cariño: inteligente, culta, piadosa, segura de sí misma, cariñosa, dicharachera, tranquila y fiel a sus creencias, atenta con todos y pendiente de todos. En su vida tuvo muchos buenos momentos y también algunos muy amargos, pero el halo de dulzura con el que la recordamos no la abandonó nunca.
Se casó muy joven con Francisco Cabello y pronto llegaron los hijos. Tuvieron la desgracia de perder a Francisco, pero Julia, Joaquina, Manolo, Ana María , José María y María Remedios fueron la alegría de sus vidas. Trabajadora incansable, cristiana piadosa y madre dedicada, dejó su huella en todos nosotros, incluso en los que la conocimos muy poco.
Recordamos de ella su cuidada escritura, su expresión diferente, su decisión y su empeño, a pesar de la enfermedad que la persiguió los últimos años de su vida. Tenía una pena, que ninguna de sus descendientes se llamaba Julia cuando murió, pero su última nieta se llama Julia, y su primera bisnieta, nacida el día de la Patrona de Ubrique, se llama Julia también. Después de ellas han venido muchas Julias, y cada una de ellas ha sido un homenaje a esta "señora" tan cercana y tan querida.
Si pudiera vernos hoy estaría orgullosa y feliz de toda su familia, casi tan orgullosa y feliz como el día de la boda de su hija pequeña, de su María Remedios, con la que la vemos en esta fotografía en el patio de la casa familiar, donde estaba también la fábrica y de la que tan buenos recuerdos tenemos.

Esperanza Cabello Izquierdo, abril 2009

sábado, 18 de abril de 2009

María Teresa Rivera Corrales: María Teresa la grande.

María Corrales con dos de sus hijos: María Teresa y Blas 1933

Blas Rivera y Marís Vázquez habían venido de Grazalema a Ubrique con sus diez hijos. Uno de ellos se llamaba Blas. Blas se había casado con María Corrales en 1928 y tuvieron tres hijos: Blas, Juan y María Teresa. La repentina muerte de María Corrales hizo que los tres pequeños quedaran sin los cuidados necesarios y, aunque los dos varones fueron acogidos por familiares, la niña fue enviada a Cádiz, a un centro religioso muy estricto, donde estaban retenidas otras jóvenes por diferentes razones. Era una especie de reformatorio, nada adecuado para la pequeña, pero como eran muy malos tiempos de posquerra, no se encontró otro lugar para ella. Estuvo más de veinte años sin salir para nada a la calle, no la enseñaron a escribir ni a leer, aunque sí aprendió a coser. Ella contaba horrores de aquellos años, horrores de penurias y privaciones; horrores de malas noches, malos días y mala vida.
Cuando tenía 25 años, uno de sus hermanos pensó en ella y fue a recogerla. La sacó del centro y la mandó a Ubrique, donde los familiares de su madre no quisieron acogerla. La enviaron con nuestra abuela Natalia, porque era conocido su buen corazón y nuestro abuelo Leandro era su primo.
María Teresa estuvo viviendo con la familia Izquierdo hasta que conoció a Juan Román, el amor de su vida, con el que estuvo casada hasta que murió en 2008. Siempre les gustó la vida tranquila y hogareña con sus animales, con sus gallinas, con sus "perrillos", con su costura.
Siempre llamó la atención de todos el primor de sus labores, sus bordados diminutos y sus mantelerías y cortinas con vainicas y dibujos. En todo lo que hizo en la vida puso pasión y empeño, quedó bien demostrado en la escuela de adultos, a la que acudió muchos años con afán de mejorar y aprender y en la que se convirtió en todo un símbolo del poderío de la voluntad.
María Teresa y Juan no pudieron tener hijos, pero a nosotros nos quisieron como si fueramos suyos, nos paseaban, nos ayudaban, nos escuchaban, nos trataban siempre con cariño. Y para nosotros María Teresa siempre fue nuestra familia.
Conservamos con infinito cariño y respeto el marcador de su madre, María Corrales, que nos dió para que lo añadiéramos a los tesoros familiares junto a esta foto a la que ella tenía especial cariño, por ser de los pocos recuerdos de su propia familia que había podido conservar.

Esperanza Cabello Izquierdo. Abril 2009

Natalia Fernández Piñero: Los tiempos modernos llegan a Ubrique.

Corría el año 1924, y el grupo Singer organizó en Ubrique cursos de costura a máquina para que las ubriqueñas pudieran aprender el manejo de las máquinas de coser y, consiguientemente, adquirir una. Natalia, cuarta fila a la izquierda, participó como otras muchas ubriqueñas en estos cursos, que se celebraron dentro de la ermita de San Pedro y al que acudieron muchas personas. En estos años de modernidad Ubrique se mostraba como un pueblo en pleno auge y las propuestas comerciales de maquinaria y suministros para marroquinería y costura tuvieron muy buena respuesta.
Aún conservamos ¡Cómo no! la misma máquina de coser que había sido de nuestra abuela toda su vida.

Ocurris: la mejor apuesta de Manuel Cabello

El Salto de la Mora. Foto: Julia Ruiz Cabello

Manuel Cabello Janeiro siempre había sido un apasionado de la arqueología. Cuando emprendió la tarea de Misión Rescate no sabía aún lo importantísima que sería su labor para preservar la historia de nuestro pueblo ni lo implicados que estaríamos todos los ubriqueños con sus descubrimientos.

Durante toda su vida había, como cualquier ubriqueño, recorrido la sierra una y mil veces. Sabía de la existencia de un cobijo para los cerdos y las cabras en el lugar denominado "Salto de la Mora", y había visto restos de otras construcciones. A finales de los sesenta, estudiando el libro de la historia de Ubrique, supo de la existencia de Juan Vegazo, y los esfuerzos que había hecho para sembrar una viña al tiempo que excavaba unas ruinas romanas.


La Cruz del Tajo. 1985

La creencia general era que allí ya no quedaba nada que mereciera la pena, y los restos visibles eran poco representativos. Pero Manuel Cabello se empeñó y se empeñó en que había que estudiarlo. Con muy pocos medios, pero con gran poder de convocatoria y convicción, consiguió implicar a Bellas Artes, a las autoridades locales, a la Diputación y a todo el que fue necesario para empezar varias campañas arqueológicas, dirigidas por el arqueólogo sevillano Salvador de Sancha, erudito y director del Museo Arqueológico de Sevilla, que desembocaron en el descubrimiento de los monumentos y la puesta en valor de todo el lugar. Sus trabajos dieron fruto, y más tarde han seguido las excavaciones y las tareas de limpieza, algunas dirigidas por su propia hija, Natalia.
Hoy día Ocurris, el Salto de la Mora (como ha sido conocido desde siempre) , forma parte del patrimonio arqueológico de la Sierra de Cádiz, se realizan visitas organizadas para que todos los escolares de la zona puedan conocerlo y está considerado como una de las joyas del Patrimonio Ubriqueño, y, cualquiera que esté interesado por la historia del lugar, puede consultar el libro de Manuel Cabello "Ubrique, encrucijada Histórica para caminos juveniles".

Esperanza Cabello Izquierdo, abril 2009

Teresa Ortega Rivera: Teresita


Blas Rivera y María Vázquez habían llegado de Grazalema a Ubrique con sus diez hijos. Además de nuestra bisabuela Antonia, algunos de ellos han sido muy importantes para nuestra familia:
Una de ellas era María Rivera, que se había casado con José Ortega. José y María vivían en el campo, en la Ventalleja, por el camino de Puerto Galis. Su hijo mayor se llamó José, su segunda hija Teresa, y también hubo un bebé, que murió a muy temprana edad.
María Rivera Vázquez murió demasiado pronto, cuando José tenía nueve años, Teresita seis y el bebé tres meses. Su esposo, José, se vió incapaz de cuidar de los más pequeños y su tía, nuestra bisabuela Antonia, se encargó de los dos. El más pequeño murió, a pesar de los cuidados de su tía, que le buscó una nodriza. Teresa se amoldó rápidamente a la familia. Al principio Antonia la mandó a la escuela del asilo con las monjas, para que fuera aprendiendo, pero pronto pensó que era mejor que aprendiera una profesión, y la mandó a coser con María Angulo. Teresita hacía recados, ayudaba a quitar hilvanes, sobrehilaba e iba aprendiendo poco a poco, hasta convertirse en una costutera decidida y primorosa, capaz de hacer cualquier tarea de costura con una maestría envidiable.
Al vivir con su tía, Teresa no mantuvo los lazos con su padre y su hermano José, al que sólo volvió a ver en tres ocasiones durante su vida.
Vivió muchos años bajo la atención de nuestra bisabuela, después empezó a trabajar en la fábrica de artículos de piel de nuestro abuelo Leandro como costurera, y allí estuvo trabajando hasta que se casó con Francisco Pérez Rivera. Se daba la circunstancia de que Francisco y Teresita eran primos, así que hubo que pedir dispensa al Vaticano para que la boda se pudiera celebrar.
La nueva familia siguió viviendo en la calle San Pedro, con Antonia y Francisco, y Teresa cuidó de todos con una abnegación, una atención y un amor encomiables. Más tarde vinieron los hijos, el primero se malogró, pero las dos niñas, Antonia María y María Teresa, y más tarde los nietos, Elisa y Rafael, fueron la alegría de Teresa durante toda su vida.
Teresita fue siempre una de las personas más queridas de nuestra familia, siempre se ocupó de todos nosotros y nos quiso a todos como una gran madre.

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viernes, 17 de abril de 2009

Procesión en Ubrique, 1934

En la imagen podemos observar la procesión de una sencilla imagen de Cristo Crucificado en la Semana Santa de 1934, bajando por la actual calle Moreno de Mora y acercándose a Los Callejones. Durante un largo periodo las manifestaciones religiosas se suspendieron en Ubrique después de la guerrra civil.
En 1951, siendo párroco de Ubrique don Francisco Lanzat Ríos, Manuel Cabello tuvo la idea de crear la hermanadad del "Cristo del Perdón y de la Sierra", que fue debidamente autorizada. La imagen del Cristo del convento volvió a salir en procesión en la Semana Santa de 1951, pero el año siguiente la parroquia cambió de titular, y el nuevo párroco consideró que la imagen no contaba con un trono adecuado que garantizara su seguridad, por lo que no permitió que volviera a salir y la hermandad se disolvió.
Es la misma imagen del Cristo que actualmente sale a hombros y es llevada hasta el Calvario.

Esperanza Izquierdo Fernández, abril 2009


En los toros

En la Plaza de Toros de Ubrique, en el palco presidencial, sobre 1916. Reconocemos a Pepita Yuste, amiga de la familia, la segunda por la izquierda.

En los toros de Ubrique

Foto tomada en la Plaza de Toros de Ubrique en 1918. Reconocemos a Natalia Fernández, sentada en el centro de la imagen, y a Elena Reguera, la primera de la izquierda en la fila superior

jueves, 16 de abril de 2009

El Día del Corpus

Foto: Manuel Cabello Janeiro y Francisco Cabello Izquierdo
Ubrique, Día del Corpus, 1959



Día del Corpus, 1920


Día del Corpus, 1954

Día del Corpus, 1953

Reconocemos a Doña Isabel Rodríguez, Doña Elena Reguera, Doña Natalia Fernández, Doña Ángeles Sánchez, Doña Esperanza Izquierdo, Doña Emilia González, Doña Loli Piña y Doña Elisa Bohórquez.



Día del Corpus, 1922

La pilita abajo

lunes, 13 de abril de 2009

El dos caballos. Nuestro primer coche familiar.


Con el dos caballos en la Feria de Sevilla. Abril 1964


Corría el año 1964, y Manuel Cabello estaba deseando "modernizarse" y comprarse un "bólido". Como no había demasiada bonanza económica, se decidieron por un precioso citroen dos caballos azul, con sus auténticos dos caballos en el capó y completamente descapotable. Era un coche de segunda mano y lo pagaron a letras de cinco mil pesetas al mes.
El citroen dió todo el juego que se le podía pedir a un coche: lo usamos como medio de transporte super-familiar, porque, en caso necesario, viajábamos en el los siete de la familia Cabello Izquierdo y hasta otros siete más de otra familia.


Con el dos caballos callejeando por Ubrique.


Nuestro coche también sirvió como carroza para la romería de San Isidro, completamente engalanado con hojas de palmera y farolillos, y fue el inicio de "transportes Manuel", nombre con el que, de broma, llamábamos a los traslados familiares. Hasta hizo de coche auxiliar para la cabalgata de los Reyes Magos.
El pobre dos caballos terminó sus días con nosotros en 1972, sin asientos y sin embrague. Usábamos una caja de cervezas para el asiento del conductor y una guita para embragar. Se quedó en el concesionario Seat cuando compramos nuestro segundo coche familiar, pero esa es otra historia...


sábado, 11 de abril de 2009

Los chicos del coro

Julia Janeiro Rubiales: Galería de fotos de abuela Julia


Familia Cabello Janeiro. Estudio fotográfico Arenas. 1938




Los primos de Buenos Aires, en la cerca




Día de campo, 11 de julio de 1922





Abuela Julia en su patio, 1925




Foto familiar de Julia Janeiro. 1922


Día del Corpus, 1922



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Día de campo. Familia de Julia Janeiro


Abuelo Paco, 1926



Día de campo, 10 de abril de 1922




Julia Janeiro con Lola y María Luque. 1918



Paseo familiar. Ubrique visto desde la Cruz del Tajo. 1922



Julia Janeiro con unas amigas. 1921



Joaquina Orellana Artacho: La abuela Joaquina.

Joaquina Orellana Artacho y sus cinco nietos.


Nuestra bisabuela Joaquina Orellana era natural de Cuevas Bajas (Málaga), y se había casado con Francisco Cabello, Maestro de Primera enseñanza de Sedella.
Los primeros tiempos de su matrimonio fueron difíciles, pero a finales del siglo XIX el gobierno español hizo un concierto con el gobierno argentino para paliar la escasez de maestros del país hermano. Jóvenes emprendedores y decididos, Joaquina y Francisco emprendieron un viaje de más de treinta días de navegación y se asentaron en Sunchales, en la provincia de Santa Fé.
Francisco fue el segundo director de la escuela (lo siguen recordando aún hoy) y Joaquina se dedicó al cuidado de su casa y sus hijos.
Al morir Francisco, Joaquina decidió volver a España, y se asentó con sus siete hijos en Ubrique, donde el hermano de su marido, José Medina, era párroco. Allí comenzó, en 1907, el primer taller de manufacturas de artículos e piel de Ubrique que más tarde dirigiría nuestro abuelo.
Joaquina siguió viviendo con sus hijos y más tarde, cuando Francisco y Julia se casaron, vivieron todos juntos, junto con la tía Ana, ganándose el cariño de todos sus nietos.


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viernes, 10 de abril de 2009

La familia Cabello en Ubrique

Abuela Julia y abuelo Paco. Foto Martín, Ronda 1925


En el segundo capítulo de su libro "Del tricornio o sombrero de tres picos a la montera" (1992), Manuel Cabello Janeiro cuenta cómo su madre, Julia, y su tía, Ana, pasaban muchas veladas contando a los cinco hermanos (Julia, Joaquina, Ana María, Manuel, José María y María Remedios) relatos e historias familiares. De estas historias las más aplaudidas eran las relativas a los orígenes de la familia.
La de Francisco Cabello Orellana era una historia única: había nacido en Argentina, hijo de un maestro de primera enseñanza, Francisco Cabello Medina, nacido en Sedella, y de Joaquina Orellana Artacho, nacida en Cuevas Bajas, ambas poblaciones de la provincia de Málaga, que habían emigrado al cono sur para hacer las Américas.
Habían hecho un viaje de más de treinta días de navegación, llevando todos los parabienes de los dos gobiernos por un acuerdo trás la petición del gobierno Argentino a España a finales del siglo XIX para que maestros de Instucción Pública marcharan a Argentina para desarrollar su labor allí.
Pasados unos años Francisco y Joaquina habían formado una larga familia, con una numerosa prole de la que sobrevivieron diez hijos. Pero una enfermedad terminó con la vida de nuestro bisabuelo, que murió en Sunchales, provincia de Santa Fé, a 500 kilómetros de Buenos Aires, donde está enterrado. Joaquina decidió rápidamente que volvería a España, y lo hizo con todos sus hijos (el mayor de apenas catorce años y el menor un bebé de meses). Pensó que no volvería a su lugar de origen, sino ir a Ubrique, pueblo que dependía de Málaga desde el punto de vista eclesiástico, cuya parroquia regentaba un sacerdote sedellano, hermano de Francisco, Don José Cabello Medina, que los recibió con los brazos abiertos.




José era un hombre caritativo (él fue quien intervino ante el Ayuntamiento para que se fundara un asilo de la caridad), y consiguió que su cuñada Joaquina y sus diez hijos quedarn alojados en la calle del Perdón de Ubrique, muy cerca de la Parroquia.
Poco a poco los hijos empezaron a trabajar en las petaquerías (fábricas de petacas) de Ubrique, unos estudiaron, dos fueron al seminario de Málaga (nuestro abuelo Francisco fue uno de ellos) , una hija, Guadalupe, se casó con un farmacéutico; las hijas Joaquina y Elena se quedaron en la casa para ocuparse de ella y todo funcionó bien hasta que el ama de llaves del sacerdote lo convenció de que era una locura mantener a aquella familia y nuestra tatarabuela Joaquina y sus hijos buscaron un nuevo hogar: una casa en alquiler en la que montaron un modesto taller artesanal de manufacturas de artículos de piel en 1907, fecha en la que todas las petaquerías de Ubrique empezaban a ser famosas en toda España.
Mamá Joaquina sembró el germen de los artículos de piel en la familia Cabello, más tarde nuestro abuelo, Francisco Cabello y nuestro padre, Manuel Cabello, continuaron con la tradición familiar hasta que a mediados de los sesenta cerraron la fábrica y Manuel se dedicó a la enseñanza.
Joaquina Orellana siguió viviendo con su familia hasta 1944, fecha en que nos abandonó para siempre.
Esperanza Cabello Izquierdo, abril 2009


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jueves, 9 de abril de 2009

Leandro Izquierdo Rivera: Los comienzos de la marroquinería en la familia Izquierdo

Leandro Izquierdo en la fábrica de Emilio Santamaría Caballero

Ya conocemos la historia de nuestros tatarabuelos Blas Rivera y María Vázquez, que vinieron desde Grazalema con su muy numerosa familia para establecerse en Ubrique y hacer funcionar un batán. Nuestra bisabuela Antonia, su hija mayor, nacida en 1878, regentaba un refino, en el que vendía el paño por varas, y se casó con Francisco Izquierdo Moreno, arriero, cuyo padre (Leandro Izquierdo, casado en Ubrique con una viuda, con la que tuvo dos hijos, Francisco y María) había llegado desde Valladolid vendiendo especias. El único hijo de la pareja fue nuestro abuelo Leandro Izquierdo Rivera, que nació y se crió en el Portichuelo, en la calle Toledo.

Leandro empezó a trabajar desde muy pequeño en la fábrica, con doce años su madre lo quitó de la escuela y lo puso a trabajar en el taller de Emilio Santamaría Caballero, un empresario recién llegado al pueblo, que traería nuevos aires a los talleres tradicionales y que comenzaría una nueva aventura empresarial
Leandro trabajaba de sol a sol y por las noches seguía estudiando con su maestro don Antonio. Esta educación espartana y recia hizo de él un hombre siempre dispuesto a avanzar y mejorar. Con 17 años ya estaba "a parcerías" con Luis Piñero (hermano de nuestra bisabuela Pepa) y Tomás Bueno Ortiz de Azcárate.

Con 20 años se casó con Natalia Fernández Piñero, y al principio vivieron en la casa de las Piñeritas, allí nacieron los dos primeros hijos: Francisco (1931) y Esperanza (1932). Un poco más tarde quiso montar el negocio por su cuenta y contó con la gran ayuda de su abuelo Blas. Blas había recibido unas veinte mil pesetas porque uno de sus hijos había muerto en la guerra de Cuba, y se las dió a su nieto Leandro para montar su primera Fábrica de Artículos de Piel, de Ubrique fue en la calle Real, y cuenta nuestra madre, Esperanza Izquierdo, que ya en el primer año tenía más de cuarenta empleados.
Leandro Izquierdo Rivera se encargaba personalemente de los pedidos, y desde el principio tenía muy buenos clientes. Tiendas de renombre en la Gran Vía madrileña, y comercios especializados en primeras marcas de señora y caballero.
Sus productos eran siempre de primera calidad y él se encargaba personalmente de supervisar la producción y de elegir las materias primas.
El negocio empezó rápidamente a despuntar, pero llegó la guerra, y Leandro estaba en Madrid. Tuvo la desgracia de estar allí en el peor momento, y fue denunciado y encarcelado durante varios años en la cárcel Modelo. La historia de estos tristes momentos la contaremos otro día.

Al terminar la guerra Leandro Izquierdo volvió a Ubrique, donde lo esperaban su mujer y sus cinco hijos mayores (después nacerían los dos pequeños), y tuvo que trabajar muy duro para volver a poner en marcha la fábrica. Pero era emprendedor y decidido, y fue capaz de montar la mejor empresa de Artículos de Piel de Ubrique del momento, trasladándose a la calle San Pedro, número 22, dando empleo a muchos trabajadores y manteniendo una producción de muy alta calidad hasta bien entrada la década de los ochenta. La marca de Leandro Izquierdo Rivera, LIZ, siempre fue de las más prestigiosas de Ubrique.
Sus hijos, y más tarde algunos de sus nietos y sus bisnietos han mantenido la tradición familiar y continúan fabricando y comercializando Artículos de Piel de primera calidad en Ubrique.


Esperanza Cabello Izquierdo, abril 2009

lunes, 6 de abril de 2009

Manuel Cabello Janeiro: El descubrimiento de la Mesta en Andalucía


EL DESCUBRIMIENTO DE LA MESTA EN ANDALUCÍA

Manuel Cabello hizo sus estudios de magisterio ya mayor, con cinco hijos en el mundo y muchas ganas de hacer cosas nuevas. Su primer destino fue Igualeja, un pequeño pueblo de Málaga, y después estuvo en Benaocaz. Allí descubrió, a principios de los setenta, que el Archivo Municipal estaba muy abandonado. Era de los pocos archivos de la zona que había sobrevivido al paso del tiempo, a las guerras, a los incendios y a las inundacionones, pero, no obstante, estaba descatalogado y arrinconado. Obtuvo el permiso necesario, gracias a su interés y a ser maestro, para organizarlo y estudiarlo, y, trás meses de estudio y trabajo, consiguió hacer varios descubrimientos muy importantes. En el capítulo XX de su primer libro :"Ubrique, encrucijada histórica", podemos leer la interesante historia que transcribimos a continuación. Antes debemos aclarar que es el relato novelado de la investigación contado como si una pandilla de jóvenes (en realidad eran los componentes del grupo de Misión Rescate 208) lo contara en primera persona.

CAPÍTULO XX

BENAOCAZ GANA UN PLEITO CONTRA LOS PRIVILEGIOS REALES DE LA MESTA

A medida que iban saliendo fascículos de la fotocopiadora, nos http://manuelcabellojaneiro.blogspot.com/

La pandilla, como ya hemos comentado, estuvo durante varios años rastreando, nunca mejor dicho, el Archivo Histórico de Benaocaz. Legajos y más legajos habíamos estudiado y ciertamente en nosotros se despertaba una inusitada curiosidad ya que el contenido histórico-cultural de estos librotes no sólo se refería a la sin par villa benaocaceña, sino a toda una comarca o región, la denominada Serranía Gaditana. Y, desde luego, cada vez que localizábamos algún nuevo dato de interés´la alegría nos inundaba y lógicamente hacíamos comentarios entre las personas que andaban a nuestro alrededor... Pero había una persona, nacida en Benaocaz y residente en la capital española, Profesor de Lenguas Clásicas en un instituto madrileño, a la cual dábamos el "parte" casi a diario, primero por ser benaocaceño y segundo porque, según él, estaba casi tan interesado como nosotros en el Archivo. Él mismo sería quien nos orientara en esta nueva singladura que comentamos para revalorizar uno de los textos encontrados, concretamente el que se refiere a "Privilegiados de Mesta".
Sus palabras nos dieron idea de que se trataba de un valiosísimo libro olvidado, que no debía quedar en el montón, hipótesis que se potenciaría cuando llegáramos a las conclusiones finales tras las distintas aportaciones documentales, no sólo por su estructura, sino por su importante contenido que trata, nada más ni nada menos, que el tema del mestano en Andalucía Occidental, hecho casi desconocido en la actualidad. Libro valiosísimo por la época en que estaba escrito el texto "anno 1557".
Y no solamente era desconocido el hecho en sí en Andalucía Occidental, sino que en España hay muy pocos especialistas en la materia. Y como si fuera una ironía del destino tiene que ser un francés el que se ocupe de estos temas. De todas maneras para la Pandilla era de agradecer que al menos esta persona, el Profesor Jean Paul Le Flem, escritor e historiador, se interesara por nuestros trabajos.
El catedrático de Benaocaz, en descanso por aquellos días en la población serrana y tras nuestros apasionados relatos sobre el Libro de Mesta existente en el Archivo Histórico de su pueblo, fue el que hizo las gestiones para podernos acercar al historiador francés, que él conocía y del que poseía el libro "Un gran Señor de la Mesta, don Juan Ibáñez de Segovia, Marqués de Mondéjar y Acrópolis", publicado como miscelánea de la Casa Velázquez.
Unas cuantas llamadas telefónicas y una carta de presentación nos bastaron para acudir a Sevilla, cuya Feria de Abril era visitada por el profesor francés.
Previsoramentey gracias a las autoridades de Benaocaz, llevábamos con nosotros el valioso libro que nos había sido prestado a condición de que sería devuelto tal y com nos había sido entregado, y de que bajo ningún concepto lo dejaríamos en ningún lugar ni a nadie.
La entrevista no pudo ser más halagadora. Al profesor le encantaba que nos hubiéramos interesado por este tema, tan interesante como desconocido, y a la vista de nuestras manifestaciones e informaciones, de las que él no tenía ninguna noticia hasta el momento, llegó a manifestarnos que "... sin lugar a dudas, este texto que ustedes portan es digno de ser publicado"
Siguieron sus comentarios, en el mismo hall del hotel donde conversábamos, en el sentido de que "para hacer un estudio a fondo hay que fotocopiarlo". Así lo hicimos. Poco a poco fuimos remitiendo folio tras folio a Madrid para su traducción por el Señor Le Flem.
Las contestaciones no se hicieron esperar, porque a través de diversas llamadas nos iba argumentando la realidad del contenido de tan preciado libro...


A medida que iban saliendo fascículos de la fotocopiadora, nos

A medida que iban saliendo fascículos de la fotocopiadora, nos entraban unas enormes ganas de traducirlos, algo para lo que ninguno de nosotros estaba preparado, a pesar de ser antiguos universitarios, y decidimos intentarlo.


Al principio nos costó muchísimo pero poco a poco el trabajo fue más cómodo: Llegamos a traducir los 183 folios que componen el texto con una cierta perfección y con muchísima paciencia.


En nuestro Cuaderno Diario de Excursiones anotábamos por aquellos días “… un extraordinario pendolista, o escribiente de la Real Cachillería, había legado para la posteridad este texto que ha causado sensación entre aquellas personas más o menos relacionadas con el tema, pues gracias a estas conversaciones llevadas a cabo con el Sr. Le-Flem, el libro ha despertado en todas partes el natural interés, sobre todo en el Sindicato Nacional de Ganadería, cuya bibliotecaria y archivera, Sta. De la Torre, nos pone en contacto con el Archivo Provincial de Cádiz, y de aquí, con el Histórico Nacional, a través de su subdirector, Sr. Martínez Bara. Todo un periplo que, a su vez, nos sirve para mantener la calidad de lo inédito del libro en cuestión…”


Con franqueza debemos decir que la transcripción del libro, poco a poco, se fue haciendo grata para nosotros, ya que se nos ocurrió confeccionar una especie de “vocabulario-abecedario” para descifrar los símbolos más confusos, con lo que hacíamos más fácil su lectura o traducción.


Unos días, unos, otros días, otros, algún miembro de la Pandilla iba escribiendo en el Libro Diario de Excursiones: “LIBRO DE MESTA. Real ejecutoria de la Real Canchillería de Granada, ganada por el Concejo de la Villa de Benaocaz, contra el Honrado de la Mesta, sobre que puedan adehesarse las tierras inmediatas de la Villa. Año de 1557…”


Puede figurarse el lector el impacto que nos produjo la lectura de estas primeras líneas que fue la mecha que prendió nuestro interés porque, por aquellos entonces difícilmente se podía ganar en litigio a unos Privilegios Reales, como eran los de la Mesta.


Pero a pesar de este “triunfo de los lugareños”, algunos de ellos tuvieron que pagar determinadas cantidades de maravedíes, por haber abusado de las propiedades de sus tierras, cobrando a ganado mesteño impuestos por pasar por las mismas.


Continuando con nuestro texto, decíamos a continuación: “… D. Felipe Segundo, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algalbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las Canarias e Islas y Tierras Firmes, de la Mar Océana, duque de Austria, duque de Bayona y Benavante, conde de Roselló y de Denia, marqués de Onís, señor de Vizcaya y de Molina, Conde de Flandes y del Tirol, a los nuestros corregidores asistentes, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justicias qualesquieran, así como de la villa de Benaocaz, como de todas las otras ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, antes quienes esta carta ejecutoria o sus traslados signados de escribanos públicos formas y maneras, que a ella fuera presentada… sepan (sépades) que pleito pasó y se trató en nuestra Corte y Canchillería…”


Continuando con nuestros estudios de Mesta, localizamos un tema que nos llamó la atención y que igualmente reflejamos en nuestro particular Cuaderno Diario de Excursiones. Ésta era su transcripción: “…Ante el Alcalde Mayor de Ronda, será presentado un escrito de querella y demanda por Juan Sigler, procurador del Concejo de Mesta en contra de la Villa de Benaocaz, por… que el Concejo de la Villa de Benaocaz, vedaban y acotaban un ejido y pasto común que estaban en su término, cerca del lugar, lo tenían adehesado y no consentían que ganado alguno le entrase a pastar y si acaso entraba lo penaban, corrían y maltrataban si quedaban fuera, y les llevaban, y les habían llevado de cada cabeza de ganado menor, dos maravedíes de día y cuatro de noche; y por manadas, a cualquier género de ganado, tres reales de día y seis de noche, por lo que dicho procurador hacía presentación, con el juramento necesario, pidió al dicho juez que condenase al dicho concejo (de Benaocaz) a que de aquí en adelante los ganados entrasen en dicho ejido, los dejasen pastar libremente, conforme a sus privilegios, y no les llevase penas algunas, y por las que les habían llevado, hasta entonces, en restitución de treinta mil maravedíes en que la estima, más las penas en que habían incurrido.


Hay en el pleito un largo proceso en el que, aparte de destacar el indudable valor para el conocimiento histórico de la región, al inicio de la E. Moderna, por ser fuente documental de primer orden para los eruditos en el tema, hay que destacar también que, gracias al Libro de Mesta, podemos actualmente efectuar un padrón de habitantes o personajes del pueblo benaocaceño, recién conquistado por los Reyes Católicos, con tropas al mando del Duque de Arcos y Marqués de Cádiz, D. Rodrigo Ponce de León (Mayo de 1485) e inicio de la fundación del Señorío de las Siete Villas, de las que en anteriores párrafos hemos comentado algo.


Son casi 100 personajes de los que de una u otra manera van pasando a través de la lectura del Libro, porque casi todos ellos, propietarios de tierras y ejidos son los que se “han aprovechado” de los ganaderos que atravesaban sus tierras para cobrar sus propios impuestos”


De estos nombres podemos hacer una pequeña relación muy interesante, porque a los Antón Sánchez, Juan Miguel “el viejo”, Juan Gutiérrez, Juan Miguel “el mozo”, Mateos Sánchez, Lorenzo Sánchez, Juan García, Pedro Zarco, Fernán Blasques, Alonso de Orellana…, etc., etc., habría que agregar otros más, muchísimos más, interesantes por su gentilicio. Nos explicamos: Benaocaz, dejando aparte su reducida población del orden de los 600 vecinos, actualmente [1976], es muy parecido a Ubrique, y otros pueblos de la comarca. Sus mismas características, su misma idiosincrasia, manera de ser… etc., etc., pero (y esto cuesta trabajo creerlo), la fonética de uno y otros pueblos es tan diferente que les hace parecer de distintas zonas. ¿Qué razones existen, para que en uno u otros pueblos se hable de tan diferente manera?


Quizás en este trabajo sobre el mestano benaocaceño encontremos una posible solución a la pregunta, al menos así lo estimamos, porque unidos a esos nombres reseñados, encontramos otros procedentes de Castilla, personas que debieron traer consigo las características propias (léxico, fonía) del habla castellana. Así pues encontramos nombres como Miguel de Toro, Juan de Béjar, Antón García de Llerena, Miguel de Salamanca, etc., etc.


Otro dato a tener en cuenta, para potenciar la hipótesis aludida, es precisamente que la repoblación de la Serranía Gaditana por los Reyes Católicos se haría pocos años antes del pleito, y al ser Benaocaz villa fronteriza, eminentemente musulmana, su población aparecería en gran parte teniendo que ser sustituida por caballeros de otras latitudes, tal y como lo recogen Mancheño y Olivares, escritor arcense, y Aragón Macías, en sus Misceláneas, depositadas desde 1983, en la Secretaría del Ayuntamiento de Ubrique.


Aparte de estos temas, que afectan directamente a la lingüística y a la sociedad mesteña, tenemos que reseñar otro, no menos importante, que se refiere a las tierras próximas a la villa de Benaocaz, dándose un sinfin de nombres de propiedades rústicas, de las que podríamos hacer un catastro de la época, así como la curiosidad de sus medidas, unas veces, en almudes, otras en celemines, otras en fanegas o anegas… etc.


A los más avariciosos, el Alcalde Mayor de la ciudad de Ronda, que fue quién y dónde se llevaron a cabo los juicios, los condenó con multas que iban desde los 500 a 2.000 maravedíes, destacándose las que por “rebeldía”, se le impusieron a las dos viudas que entraron en el pleito, María Sánchez Crespo e Isabel González, señoras, que no acudieron a la ciudad de Ronda.


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Desde luego nuestros trabajos no quedaban olvidados. Nuestras continuadas visitas y llamadas telefónicas a organismos rectores ganaban la voluntad de ciertas personas a las que podían interesar, en primer lugar, el LIBRO de la Mesta, y en segundo todo lo concerniente al tema mesteño en Andalucía –Así tuvimos la oportunidad de recibir en Ubrique, de paso para Benaocaz al Sr. Rovira Martín, del antiguo cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y a su vez Director del Archivo Histórico Provincial de Cádiz. No hubo inconveniente alguno, en acompañarle a la bella población benaocaceña, para que hiciera un detenido examen de su Archivo Municipal “… de cuyos fondos –nos decía D. Manuel Rovina poco después- destacando en gran manera, se localizó un importantísimo y valioso documento en orden al estudio y conocimiento de la Mesta en Andalucía, por el grupo”.


“Dicho documento –nos ampliaba su escrito- corresponde a un texto inédito, de principios del siglo XVI, no catalogado, del que se destaca, aparte de su importancia para el conocimiento de la Mesta en Andalucía Occidental, hasta ahora poco estudiada, su indudable valor para el conocimiento de todo el encalve de la Serranía Gaditana como fuente documental de primer orden para los eruditos en el tema…”


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Días atrás habíamos puesto un poco de orden, entre aquellos que: “… en contravención de los reales privilegios…”, “… habían Rompido y labrado un pedazo de tierra en el prado y ejido de la dicha villa (Benaocaz)…” “asunto éste –según reza el texto- venía ocurriendo desde hace cincuenta años a más…” (Es decir en los primeros años del siglo XVI, lo que le da mayor calidad e interés).


Como hemos dicho, una puesto en orden, “en la ciudad de Talavera de la Reina se haría sentencia formal, por Pedro de Tudanca”, consiguiendo, pues nuestra villa hermana, que las tierras próximas a ella pudieran adehesarse, todo lo contrario que permitía el privilegio de la Mesta, que era algo así como que el ganado estuviera “encima” de la agricultura…


El libro se encuentra y conserva en relativo buen estado. Completo. Tiene 183 folios manuscritos, por ambas caras, letra procesal, calara y bien definida ¡Cosa curiosa!


La repetición de palabras y de hechos, intencionadamente, nos hace pensar que el pendolista o escribano público, cobrara por “centímetro de escritura”.


La parte de atrás, es decir, las últimas hojas del texto, en su parte superior se encuentran carcomidas, bien por las polillas, bien por los roedores, pero sin daño acusado a su contenido.


Tiene magníficas anotaciones marginales (sentencias, dineros, prados, ejidos…) que sirven de guía o índice para que el lector vaya directamente al tema que más le interese.


Su tamaño, es aproximadamente el de un folio actual, con unos tres centímetros de grueso. Sus tapas de piel de oveja apergaminada, y con cintas en sus extremos para que puedan ser siempre bien cerradas…


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Jean-Paul Le Flem, en carta que recibimos por estas fechas, nos aclaraba lo que tanto ansiábamos: Saber por dónde iba la trashumancia mesteña. Más o menos nos decía así: “… la historigrafía tradicional limitaba la extensión de la trashumancia mesteña a las dos Castillas con excrecencias hacia Aragón y las Sierras de León al Norte, hacia Murcia y el Andévalo al sur, es decir, que Andalucía quedaba totalmente excluida de la historia mesteña. Gracias al preciado texto localizado por la Pandilla, se replantea totalmente el problema de la influencia de la Mesta en tierras andaluzas, y especialmente el papel del alcalde de la Mesta en alguna importante ciudad andaluza, oficios creados por sus propios municipios, y aún, en los tiempo modernos sin estudiar…”


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Una vez más sería la sagacidad y el propio estímulo, lo que valdría para que esta impresionante joya de la bibliografía nacional quedara controlada y sujeta a organismos que la custodien en bien del patrimonio de todos.




Es increíble que, a pesar de toda la correspondencia y el contacto con Ubrique y con Manuel Cabello, el señor Le Flem publicó, años después, el estudio de los Archivos de Benaocaz y del Libro de la Mesta sin hacer mención alguna de su auténtico descubridor. No obstante, Manuel Cabello había conseguido su objetivo: dar a conocer estos valiosos legajos, ponerlos en valor y preservarlos. Actualmente están debidamente conservados y custodiados por el Ayuntamiento de Benaocaz.



Serafín Ruiz Cabello