sábado, 29 de marzo de 2008

La fabricación de los sombreros de fieltro

Hemos encontrado en internet un reportaje sobre la fabricación de los sombreros de fieltro (en esta página) de que hemos entresacado los datos que nos ayudarán a hacernos una idea de cómo se fabricaban los sombreros en Ubrique. Son los siguientes:

"Durante la fase inicial de la fabricación de sombreros de fieltro se prepara un primer bastido; las pieles, generalmente de conejo, liebre y castor, se trabajan convenientemente en la máquina sopladora, que mezcla los pelos; éstos pasan a la máquina apelmazadora, donde, mediante chorros de agua caliente, se peinan y el fieltro, todavía no acabado, adquiere la típica forma de campana

Antes de recibir el tinte, el bastido de fieltro debe adquirir la consistencia necesaria; esto se logra mediante las operaciones de abatanado y alisado (a la izquierda) y el enfurtido ( en el centro).





Después de estas operaciones el bastido está en condiciones de recibir el teñido y acabado. En el depósito de tinte ( a la derecha) el fieltro permanece en ebullición en un baño del colorante adecuado durante cierto tiempo

El acabado de los sombreros de fieltro comprende de sesenta a setenta operaciones que van desde el modelado (a la izquierda) hasta la fula, el planchado (centro), el toscado (derecha) y el repaso final.



Operaciones accesorias, pero que siempre se realizan en una sección del taller de sombrerería, son los últimos toques y el aditamento de detalles ornamentales mediante los cuales el sombrero se adapta a la línea señalada por la moda.

Para la fabricación del fieltro, se emplea, generalmente, pelo de conejo doméstico o salvaje, de liebre y de castor, convenientemente seleccionado y mezclado en una máquina soplosa ( o sopladora). El pelo así mezclado, unido a veces con otras fibras, se pesa para formar unidades ( cada una de las cuales es la cantidad suficiente para elaborar el fieltro de un sombrero); después pasa a una máquina de apelmazar, que aspira el pelo y, a través de un juego de tambores y aspas dotados de un movimiento giratorio vertiginoso, lo proyecta sobre un cono metálico con perforaciones muy finas, provisto de un aspirador, capaz de mantener el pelo sólidamente unido al mismo cono. Distribuido de una manera uniforme sobre el cono giratorio, se lanza contra el pelo un chorro de agua caliente para peinarlo; la lámina así obtenida, llamada Bastido, se introduce posteriormente en las máquinas de abatanar y alisar, operaciones que dan al fieltro una primera consistencia. Después de esta operación, el bastido pasa a las máquinas de enfurtir que, en distintas fases, reducen el fieltro a un estado más compacto y resistente; en este momento se obtiene el verdadero fieltro, dispuesto ya para las operaciones siguientes de tinte y acabado. A esta etapa de la elaboración sigue, por lo general, el teñido del sombrero (en algunos tipos es posible realizarlo directamente sobre el pelo en la operación de enfurtir). , mediante su ebullición en un baño de colorante con mecanismos apropiados para que el color penetre profundamente en el fieltro. Los sombreros teñidos pasan sucesivamente al modelado, a la prensa, al planchado y al acabado final, para recibir después solamente los últimos toques y el adorno. La elaboración de un sombrero de fieltro precisa un total de sesenta operaciones".




Suponemos que a principios del siglo pasado la fabricación de los sombreros era absolutamente artesanal, así que esas sesenta operaciones se hacían a mano, con meticulosidad y garantía.

jueves, 27 de marzo de 2008

Manuel Cabello Janeiro: La palmera del Convento de Ubrique

Foto: Leandro Cabello Izquierdo
El Convento de Capuchinos de Ubrique


El artículo que podemos leer a continuación fue escrito por Manuel Cabello Janeiro a principios de los 70 para participar en los juegos florales de la sierra. Fue publicado en el diario ABC el 11 de septiembre de 1974 y por el Diario Sur de Málaga

"Del seráfico convento, barco varado en el solitario mar de sus huertas, aún quedan enhiestos dos mástiles de sutiles alturas: la espadaña trinitaria de su campanario y su centenaria palmera.
El convento de Capuchinos de Ubrique, sobre una liviana moheda, está vacío muchos años ha. Sólo el santuario lo ocupa la Patrona, Santísima Virgen de los Remedios.
La mole conventual, tranquila, reposada y blanca, atesora sobre la piedra su recuerdo y se airea con los acompasados movimientos de una palmera. Su figura es como una huella indeleble y fiel de su pasado. Esa única y gigantesca palmera, de tronco recto y alto, con hojas laciniadas formando su penacho, se encuentra en el pequeño camino que conduce a una alameda; en ésta, entre fuentes y manantiales, pilones y albercas, la reminiscencia de un exhuberante pasado. Ella misma se doblega con rítmicos vaivenes tocados por el aire: A la izquierda y a la derecha, a todos lados, en reverenciales movimientos desde su altura hace un esfuerzo por escudriñar lo que por su alrededor pasa.
Mientras... Soledad y silencio.
Al pie de la palmera yo descanso y me quedo profundamente dormido...

"¿Qué buscas tú por aquí?" -me pregunta la palmera. Ya ves, yo siempre sola. A veces me distraigo mirando de un lado para otro, así cambio mi monótona postura. Hoy te he encontrado a tí.
Nací cuando trajeron a la Virgen de Sevilla ¿Lo sabías? Yo era muy chica, apenas era un palmito en el suelo. Junto a mí, en esa gran piedra junto al instituto, se apareció la Señora a Leonor, la hija del hortelano. ¡Qué susto pasó la pobre!
Varios años antes, en 1663, el Duque de Arcos, Don Rodrigo, había pedido construir un convento en Ubrique, porque dos veces los capuchinos le habían salvado la vida, y él sabía que los capuchinos les harían mucho bien al pueblo. Pero no fue la Casa Ducal quien construyó el convento. Lo hizo el pueblo entero, bajo el patronato de aquel genial Alonso Borrego, que en su día quiso ser cartujo, o carmelita, o capuchino, y terminó siendo "cura de misa y olla". Con él trabajó incansablemente el síndico capitán Morales.
Aún sin terminar vino una pequeña comunidad de capuchinos. Se instalaron en el San Juan. Como superior venía fray Bernardino de Granada.
Cuando la Virgen se le apareció a Leonor (tenía la niña ocho años), le entregó un cordón de sayal y una carta.
Ya te digo que todo el pueblo trabajó para construir el Convento. Con tanto ahínco y tesón que la monumental obra fue realizada en un tiempo récord de ocho años: entre 1660 y 1668. Y hubo hasta sus anecdóticos accidentes. Recuerdo que un grupo de ubriqueños se adentró en los montes propios de Cortes de la Frontera para cortar la madera necesaria para las obras y fueron hechos presos por la Guardia. Hubo que andar muy prestos para poderlos liberar.
Cuando trajeron esa bonita imagen de la Patrona, la que está en el Santuario, desde Sevilla, regalo de la comunidad Trinitaria, Leonor, que estaba muy cerquita de mí, gritaba y gritaba, a sus veintidós años, que era Ella, la mismísima, que de niña se le había aparecido.
¡Si vieras cuántas y cuántas cosas he visto desde mi altura...!
Recuerdo al hermano Diego de Cabra, que por olvidar una cartera en la fuente perdió la vida. A fray Pedro de Teba, el "eminentísimo ingeniero", creador del suministro de agua del convento y de la población. Y ¿qué decir de los venerables Felix José de Ubrique, predicador en la corte de Carlos II, e Ignacio Calvo, muerto en olor de Santidad?
¿Y de aquella noche tormentosa, en la que el padre Buenaventura subía a los picos de nuestra sierra pidiendo a Dios que calmara la tempestad? Allí dejó clavadas tres cruces, la del Tajo, la de la Viñuela y la del Benalfelix; y no contento con esto construyó El Calvario y su Vía Crucis.
¿Y José Caamaño, el beato Diego de Cádiz chiquito?
¿Te cansas de tantos nombres? Desde mi altura he visto todos los azotes habidos en Ubrique. El cólera de 1.800; la peste amarilla y los vómitos negros de 1.804; la sequía de 1.817, el cólera morbo de 1.855, centenario ya el voto de los cabildos.

He contemplado las numerosas vicisitudes políticas, cómo el 16 de mayo de 1.810 los franceses arrasaron el pueblo; los graves atropellos que sufrió la población entre 1.869 y 1.873, con el asesinato del alcalde Toro; los efectos funestos de la Mano Negra, ahora hace un siglo; los incendios de 1.936... ¿Para qué te voy a hablar más de tanta tragedia?
Porque pienso que tras todas las tormentas llegó la paz y la calma. Pues ahora, desde mi altura, sólo veo la quietud, la laboriosidad, la entrega total de un pueblo, mil veces renacido de sus propias cenizas, como el Fénix de leyenda.
Párate y observa tú mismo esa grandeza. Mira el Calvario, clavel blanco en la solapa de la Sierra, y pensarás en el Beato Diego de Cádiz de niño. Mira sus cruces iluminadas, llamas hacia el cielo, y recordarás al seráfico Buenaventura. Columbra la Cornicabra, y sentirás envidia de su altura, porque allí se está más cerca de Dios. Observa el San Antonio, con los rubores de antaño, y a sus pies intrincadas callejuelas, con sabor morisco, mostrando sus desnudeces con cándida hermosura. Sus nombres son nostálgicos recuerdos: Fuentezuela, Ladereta, Libertad, Caracol, Saúco, Guindaleta; o pícaras reminiscencias del pasado: la de los gatos, la del pescado, Culito, Tragamasa...

Y todo esto forjando un Ubrique moderno, que nace de sí mismo, haciendo bandera de su nombre. Bandera que portan sus hombres como estandarte en la batalla de la vida. Luchan y vencen, levantando nuevos mundos . El mundo de la industria, del poder y la riqueza. El mundo del prestigio, ganado paso a paso, gota a gota por la habilidad de sus manos artesanas. El mundo del amor, porque amor ponen en las piezas que construyen. El mundo de la fraternidad con los otros pueblos de la Sierra. El mundo, en fin, de su propia grandeza.

La tarde comenzaba a declinar. La palmera me dijo un suspirado adiós, nacido del mejor de sus contoneos. Después... Soledad y silencio.



Manuel Cabello Janeiro. Ubrique, agosto de 1974.


Enamorados de este monumento de Ubrique, Manuel Cabello Janeiro y Esperanza Izquierdo Fernández abogaron siempre por su restauración, y lo propusieron en repetidas ocasiones como sede del futuro Museo de la Piel de Ubrique. Hoy día, tenemos la suerte de contar con la exposición "Manos y magia en la piel", auténtico germen de un verdadero museo.



Esperanza Cabello Izquierdo. Ubrique, marzo de 2009.


jueves, 20 de marzo de 2008

Misión Rescate y Ubrique: el Grupo 208 de Manuel Cabello Janeiro

Primer grupo de Misión Rescate. Ubrique 1968


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MEMORIAS QUE PRESENTA EL GRUPO DE MISIÓN RESCATE NÚMERO 208 DEL COLEGIO NACIONAL DE UBRIQUE (CÁDIZ)
V CAMPAÑA, 1971
OBJETIVO: ESTUDIO DE UNA FÁBRICA DE CURTIDOS O TENERÍA ANTIGUA

Hablar de la piel de Ubrique o de los curtidos en Ubrique es como hablar de Ubrique mismo.Al igual que en los animales hay siempre un riego sanguíneo o linfático, y en los seres vegetales una savia vivificadora, sin cuyos elementos no existiría la vida vegetal o animal, en Ubrique ha existido de siempre, y aún continúa su influencia, un riego vivificador que lo personaliza, le da vida y lo hace diferente a otros pueblos.
Este riego, esta vivencia, llamémoslo así, es la originada por esa tradición ignota de loscurtidos.
El grupo 208 se Misión Rescate se honra en presentar "El estudio de una fábrica de curtidoso tenería antigua".
Es una verdadera pena que allá por el año 1810 a un grupo de franceses le diera por quemar nuestro archivo municipal. ¡Cuánto se perdió entonces!
Al iniciar nuestros estudios sobre los curtidos no por menos tuvimos que empezar por rebuscar en el Archivo Municipal datos fehacientes de esta industria. Pero cá, el primer libro que en él se guarda data del año 1814 y siguientes; en ninguno de ellos encontramos datos de esta industria. Muchas horas de consulta, de buscar y rebuscar, y nada.
Pero estábamos dispuestos a trabajar, y fuentes históricas son las leyendas y tradiciones, buscamos a los últimos descendientes de aquellos curtidores e investigamos los últimos momentos de los curtidos en Ubrique.
Un hecho casuístico, en la primavera de 1969, y ante él remontarnos a una época, concretamente romana, hacen que unamos a nuestra fantasía la veracidad, la leyenda y la hipótesis en pro de un trabajo que tiene características propias.
Mayo de 1969: Un grupo de batidores, entre ellos el 460, José Peña; el 466, Juan Zurita y el 468, Diego Chávez (los dos primeros componentes actuales del grupo), nos informaron de que había aparecido, en unos pozos de cimentación, una serie de muros y construcciones que habían llamado su atención.
Tan pronto como pudimos, sin que hubieran transcurrido ni 24 horas, nos presentamos en el lugar.


Próximo al río de Ubrique, junto al Colegio Libre Adoptado, en la nueva avenida Herrera Oria y como a unos cincuenta metros de la actual Glorieta de Misión Rescate, la empresa constructora de una entidad bancaria había perforado el suelo con 33 pozos, de un tamaño aproximado de 1,5x1,5 metros, y de profundidades que oscilaban de 2 a 3 metros, dispuestos en 3 hileras de once pozos cada una (véase plano número uno en página 5 del álbum fotográfico) donde se podían apreciar, en sus interiores, vestigios de paredes o muros de muy buena fábrica, algunos enlucidos, y que la sóla inspección ocular nos delataba ser romano. En superficie y entremezclado con la tierra sacada del interior observamos abundantes materiales de cerámica que ya iremos describiendo.
Lo que más nos llamo la atención fue la disposición tan rara que tenían estas paredes o muros.
Hemos intentado describir de una manera imaginativa en el plano al que antes hemos aludido, esta disposición. A través de los hoyos de cimentación se veían un sinfin de muros. Éstos muros no buscaban entre sí una perpendicularidad, como pudieran hacerlo las paredes de una habitación, más bien se inclinaban buscando unos ángulos agudos, formando entre ellos pozos de forma romboédrica. Qué rara era esta manera de construir. Por mucho que estudiamos, que preguntamos y que investigamos no sacábamos ninguna conclusión. Aquellos muros eran una misterio, no había manera de saber qué era aquella construcción. Pasó algún tiempo, y llegaron unos catedráticos de Cádiz para examinar en el colegio Libre Adoptado, momento que aprovechamos para consultar sobre los muros. Observando los materiales que habían aflorado, la disposición de los muros y la zona de Ubrique en que se encontraban, apuntaron una idea, que hemos hecho efectiva con todas las reservas que en este aspecto hay que tener. Según sus manifestaciones había un elevado porcentanje de probabilidades de que se tratara de las ruinas de una fábrica de curtidos, y los estanques que podían verse eran auténticos noques. Sorpresa mayúscula.
En nustro álbum fotográfico volveremos a abordar el tema.
La previsión del grupo, no así la de la empresa constructura que continuó con sus edificios, hizo que se conservaran para la posteridad una serie de fotografías de insustituíble valor. Las mismas se adjuntan en el álbum.
En ellas, aparte de referenciar los muros, se recogen todos los materiales allí encontrados: cerámicas, tégulas, ladrillos de construcción, monedas, lucerna en concha fosilizada, restos de silos, etc, que igualmente iremos describiendo en el álbum.
Nuestro maestro-jefe tuvo la idea de hacer realidad esta hipótesis de la Gran Fábrica de Curtidos Romana, y escribió un artículo periodístico en un diario madrileño; de este artículo enviamos copia en la página 27 del álbum.
Dejando aparte esta historia, analizaremos las verdaderas circunstancias del porqué de los curtidos en Ubrique.
Circunstancias ambientales y geográficas han posible el curtido de la piel. Ubrique, centro de una región montañosa y agreste enclavada en las últimas estribaciones del Sistema Penibético, con clima templado y húmedo, alcanzando niveles pluviométricos insospechados, propicios para fértiles pastos que alimentaran el ganado.
Tres importantísimos manantiales, uno de ellos con lápida conmemorativa que se remonta al siglo XVI, vierten sus aguas a través de tres arroyos (el Benafeliz, el Seco y el Rodezno) al río de Ubrique en el corto espacio de un kilómetro.
Cerca de Ubrique, a no más de dos leguas, un importante yacimiento de sal común: las Salinas de Hortales. Sus peñas de carbonato cálcico dan cal de la mejor calidad. Sus cercanos montes, bosques de encinas y alcornoques están tapizados de matorral: el lentisco, la breña y el carrasco son los que sobresalen. Además las aguas de los tres inagotables yacimientos arrastran infinidad de sales. Todas estas circunstancias (el agua, la sal, la cal y el tanino) son las que intervienen de una manera directa en los curtidos.

Desde el punto de vista histórico ya hemos explicado que en nuestro Archivo Municipal no constan datos, pero podemos aportar lo que Doña Francisca Larrea, esposa de Nicolás Böl de Fáber, y madre de Cecilia Böl de Fáber, conocida ésta última en el mundo de las letras como Fernán Caballero dice en diario manuscrito en julio de 1824 entre otras cosas: “...El pueblo es sensato, sobrio, tranquilo y religioso, como lo fueron sus antepasados; es independiente, robusto, industrioso y valiente como pueblo de montaña; tiene fábrica de paños, telares y tenerías, en todo lo cual también trabajan las mujeres...”
Doña Francisca Larrea hace referencia en estos párrafos a Ubrique. Más adelante continúa: “...Ubrique es tan amable, que siempre nos están obsequiando, mandándonos finezas, cada cual según sus facultades. Todos aquí tienen qué comer porque todos trabajan. Además de las tareas campestres hay telares de paños, rasas, jerga y lienzo, tenerías o fábricas de curtir cordobanes y banas, tintorerías...”
Posteriormente, Pío Baroja pone en boca del célebre conspirador Rodrigo de Avinareta, en su obra “La ruta de un aventurero”, lo que sigue: “...Pasea Ubrique, pueblo bastante mísero, en donde todo el mundo se dedicaba a hacer contrabando con la mayor impunidad y a coser petacas de cuero...”
Don Francisco Rodríguez Marín, en su obra “Refranes castellanos” publicada en 1924, da la explicación del refrán en Ubrique la mosca te pique: “...La mosca de Ubrique. La explicación es sencilla. Además de la propensión a buscar el consonante, general en los refranes castellanos en la industria de la piel y de los cueros, las pieles secas vienen de toda España y del extranjero para ser curtidas en las 18 o 20 fábricas, instaladas a lo largo del río, sometiéndolas primero a la depilación en noque de cal viva y luego a la curtición gradual en otros con curtidos, a fin de que tomen el tanino. Se dan casos, aunque raros, de venir pieles carbuncosas, y en tal caso la picadura de la mosca, que llaman vulgarmente alobado, inocula el microbio, siendo especialmente peligrosa, y, si no se cauteriza a tiempo, mortal. La frase debe aludir a la mosca alobado o carbuncosa. Hasta aquí cuanto de historia podríamos encontrar. Lo que sí es cierto es que al concurrir en Ubrique estas cirscunstancias que antes mencionamos: ambientales y geográficas, la historia de la curtición se pierde en lo más remoto de los tiempos.

HISTORIAL MODERNO DE LOS CURTIDOS EN UBRIQUE

Don Miguel Romero González, hombre de unos ochenta años, amable cien por cien y último descendiente de una familia de curtidores, ha sido el que nos ha relatado, a través de incansables conversaciones, el cómo, el cuándo y el porqué del cuero. Sus explicaciones han sido valiosísimas para el montaje de de nuestro Museo Local de Curtidos (único en el mundo). Gracias a él conocemos la técnica empleada para la curtición, y también gracias a él hemos recuperado todas las herramientas y utensilios empleados en el proceso de los curtidos.
Pero conseguir este rescate no ha sido fácil en absoluto. De estas 18 ó 20 fábricas de curtidos que existían a principios de siglo, según manifiesta Rodríguez Marín en sus “Refranes Castellanos”, sólo se conservan dos edificios, que están en estado de abandono y de ruina.
Entremezclados con cascotes vacíos, vigas, entresuelos hundidos, y cubiertos por hiedras y jaramagos, se encontraban todos estos utensilios que hemos llevado a nuestro Museo Local. Y, francamente, hay piezas verdaderamente antológicas.
Una especialmente, que en el argot de la profesión se llama estira, está construida con madera y pizarra, y tan desgastada ya por el uso que el señor Romero dice que tiene una antigüedad de más de doscientos años. Él mismo dice que esta estira era ya vieja cuando su abuelo era tenerario.
Dejamos aparte la descripción de estas piezas para hablar de la manera de hacer los curtidos.
El verdadero proceso de los curtidos podemos clasificarlo en dos grupos. Un trabajo, llamado “de rivera”, y otro “de rematado”. Entre uno y otro podía haber una diferencia de tiempo de hasta 18 meses.
Las pieles, generalmente de vacuno, entraban en la tenería, en promer lugar a unos depósitos llamados noques (plano número 2, página 28 del álbum) de forma ortoédrica. Allí se mantenían durante unas doce a quince semanas bajo los efectos de cal diluída con agua. Transcurrido este tiempo las pieles eran tratadas individualmente con unos cuchillos especiales para quitarles la carnaza, los nervios y los vasos sanguíneos, sobre unos taburetes de madera de forma convexa.
Estos residuos eran tratados más tarde para convertirlos en cola de carpintero. No obstante, en algunos casos eran arrojados a la rivera del río, de ahí el nombre de “trabajos de rivera”.
Desprovista ya la piel de pelos, carnazas y suciedades, venía la verdadera operación del curtido. En seis noques, debidamente preparados, se iban poniendo capas paralelas: una de curtiente (corteza de alcornoque), otra de pieles; una de curtientes, otra de pieles. Así hasta que se llenaba el noque a una altura aproximada de dos metros. Después venía el llenado de agua.
Así dispuesto, se tapaba cada noque con tablones y piedras hasta que transcurrían cuatro meses, pasados los cuales se procedía a trasvasar las pieles a otros noques, hasta seis, en el sentido inverso a como habían sido colocadas las pieles.
Esta operación duraba aproximadamente dieciocho meses. Una vez finalizada, las pieles eran palmeadas y secadas con tejas especiales. Finalmente se remataban sobre planchas de mármol.
Este procedimiento, lento y laborioso, fue el que se hizo en Ubrique de siempre. La revolución industrial de la segunda década del presente siglo hizo que fuera disminuyendo la acción curtidora en Ubrique.
Las tenerían van desapareciendo poco a poco y convirtiéndose en fábricas de petacas. En 1936, y falta la España nacional de suelas, se militarizan las pocas tenerías que quedan, volviéndose de nuevo a las tareas de curtición para el ejército.
Terminada la guerra, terminan definitivamente los curtidos en Ubrique. Con ellos se cerró uno de los capítulos más importantes de la historia de este pueblo, que fue capaz de transformar las ruinosas fábricas de curtidos en impresionantes fábricas de manufacturas de artículos de piel.

Manuel Cabello Janeiro. Febrero 1968


martes, 11 de marzo de 2008

Sombreros en Ubrique en los años 20



Celia Rubiales, Natalia Arenas,
Encarna Carrasco Blanco y Paco Arenas
Fabricación artesanal de sombreros


Por Esperanza Cabello


Hace poco explicábamos en este blog la fabricación de los sombreros en Ubrique (pinchar aquí). Hoy Isabel nos ha contado cómo se hacían en realidad:

"En 1927 empecé a trabajar cosiendo sombreros con mis tíos. Los hermanos Arenas Rubiales fabricaban sombreros de todo tipo para los ubriqueños: hacían sombreros cordobeses, mascotas, castoras, de paja y hasta gorras.

La fabricación de los sombreros empezaba en la fula (ese era el nombre dado al taller, curiosamente fula es una de las operaciones necesarias para la fabricación del fieltro), estaba en la calle Prim, bajando a la derecha.
Allí unas mujeres iban quitando el pelo a las pieles de los conejos, después ellos (los hermanos Arenas) iban mojando el pelo y poniéndolo en máquinas hasta que se iba formando el sombrero. Había unos moldes para ver de qué número (talla) había que hacer cada sombrero y una gran cantidad de herramientas, pero yo no estaba allí, en la fula.
Yo cosía en la calle del Agua, en la casa de Pedro Arenas, que ahora es de Paquita Arenas, allí cosían tu tía Nieves Arenas, María "la Rondina" y Encarnación Carrasco Blanco, "la Tacona".
Allí cosíamos las cintas, la badana (la piel de dentro) y les poníamos un lacito blanco en el interior. También planchábamos cada sombrero, el planchado era fundamental.
A mí me pagaban tres chicas por cada sombrero que cosía. No sé cuánto valdría cada sombrero. Hacíamos sombreros para toda la zona.


Manuel Janeiro en un montaje fotográfico
Con una gorra, con una castora y con una boina



Cuando trabajábamos era fantástico. Las mujeres eran muy graciosas y siempre estaban contando historias divertidas. Tu tía Nieves hacía natillas, huevos nevados y arroz con leche y nos lo traía.

Años más tarde, las costureras empezaron a hacer gorras de tela, y yo empecé como costurera en la fábrica de tu abuelo Francisco Cabello, allí estuve veinte años cosiendo petacas. También trabajé como costurera en la fábrica de Norberto Aparicio otros diez años.

A partir del año 56, tras la muerte de mi madre, me ocupé de la administración de lotería de la calle botica, que dejé cuando me jubilé".


Después de toda una vida de trabajo y con una memoria de escándalo, nuestra tía Isabel, la mayor de la familia Janeiro Rubiales, nos ha prometido más historias del Ubrique del siglo pasado.


Esperanza Cabello, diciembre 2009